Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Debí haberte amado más,
no con la boca que repite "te amo"
como un réquiem gastado,
sino con el silencio que araña las paredes cuando la noche se derrama en el café frío.
Debí amarte con las uñas,
con el polvo que se acumula en los rincones del insomnio, con la tos seca de las tres de la mañana y la silla que guarda el hueco de tu espalda.
Las palabras se quedaron sin piel,
se volvieron monedas sin valor en el bolsillo del tiempo. Yo te nombraba y era como clavar un clavo en el agua:
un gesto inútil, un eco sin dueño.
Debí haberte amado con los codos, las rodillas, con el sudor que se pega a las sábanas del miedo. Amarte como se aprieta una herida para que no se escape la poca sangre que queda.
Pero solo te di flores de calendario,
promesas que se marchitan en el aliento. Ahora tu ausencia es un reloj descompuesto que me muerde los dedos mientras escribo esto.
Debí haberte amado más…
No con la lengua, sino con el hueso.
No con el beso, sino con la cicatriz que queda cuando el amor no basta
y la vida se vuelve una lluvia torva
mojando los zapatos vacíos que dejaste.
(Yo solo supe quererte a medias,
como quien apaga un incendio
con un vaso de olvido.)
no con la boca que repite "te amo"
como un réquiem gastado,
sino con el silencio que araña las paredes cuando la noche se derrama en el café frío.
Debí amarte con las uñas,
con el polvo que se acumula en los rincones del insomnio, con la tos seca de las tres de la mañana y la silla que guarda el hueco de tu espalda.
Las palabras se quedaron sin piel,
se volvieron monedas sin valor en el bolsillo del tiempo. Yo te nombraba y era como clavar un clavo en el agua:
un gesto inútil, un eco sin dueño.
Debí haberte amado con los codos, las rodillas, con el sudor que se pega a las sábanas del miedo. Amarte como se aprieta una herida para que no se escape la poca sangre que queda.
Pero solo te di flores de calendario,
promesas que se marchitan en el aliento. Ahora tu ausencia es un reloj descompuesto que me muerde los dedos mientras escribo esto.
Debí haberte amado más…
No con la lengua, sino con el hueso.
No con el beso, sino con la cicatriz que queda cuando el amor no basta
y la vida se vuelve una lluvia torva
mojando los zapatos vacíos que dejaste.
(Yo solo supe quererte a medias,
como quien apaga un incendio
con un vaso de olvido.)
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