La magia envolvía
la pequeña habitación.
Fue un magnífico día
para plantar semillas
en mi razón de traición.
Me besabas con ternura
infinita, con labios dulces,
con telón de fondo de lluvia,
y dos corazones susurran
lo mucho que sin el otro sufren.
Posaste en mi joyas
hechas de esmeralda y oro,
mientras imaginaba del orfebre el cobro,
una moneda por hoja caída en otoño,
irresistiblemente de ti me enamoro.
Cupido deja el pulso tranquilo,
mientras que no dejo de admirarte,
tímidamente recoges el hilo
de mis pensamientos, de mi sino.
Susurras: te amo, nunca te apartes
de mi lado, tenía que decirlo.
Yo besé esa piel sincera
y alegué: no te preocupes, mi sol,
que sin tener trono o legión
todos mis sueños reinas.
la pequeña habitación.
Fue un magnífico día
para plantar semillas
en mi razón de traición.
Me besabas con ternura
infinita, con labios dulces,
con telón de fondo de lluvia,
y dos corazones susurran
lo mucho que sin el otro sufren.
Posaste en mi joyas
hechas de esmeralda y oro,
mientras imaginaba del orfebre el cobro,
una moneda por hoja caída en otoño,
irresistiblemente de ti me enamoro.
Cupido deja el pulso tranquilo,
mientras que no dejo de admirarte,
tímidamente recoges el hilo
de mis pensamientos, de mi sino.
Susurras: te amo, nunca te apartes
de mi lado, tenía que decirlo.
Yo besé esa piel sincera
y alegué: no te preocupes, mi sol,
que sin tener trono o legión
todos mis sueños reinas.
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