Confesión
Hoy he venido a hablaros del mañana,
El mañana es un sueño fugaz,
Que muere al amanecer;
Más en estos amaneceres,
Por lo general se encierra otro día.
El mañana es la destrucción de lo real,
La corrupción de lo casto,
El saqueo de la voluptuosidad divina.
He venido a confesar frente a mis hermanos,
Lejanos y aun mis hermanos,
Que he llegado a este mundo a nada.
Era yo joven aun hace dos años,
Los sueños de hacían y rehacían
Y yo veía a mis congéneres saquear
Los placeres carnales de este mundo,
¡Que los dioses tengan misericordia de este envidioso!
El mañana solía sonreír aun así
Mientras me juraba infinitos deleites,
Infinitos caminos que terminaban todos
Entre bombos y aplausos,
¡Más yo ebrio de envidia no reconocí que tenían un fin!
Yo creí que el mayor peligro para mi sanidad
Era hundirme en libaciones
Y falle en darme cuenta que añorar ese calor
Que solo brindan los dioses como recompensa
Y castigo, podía derrumbar mundos.
Podría sentarme y culparla a ella,
Por arrastrar mi destino hacia
El abismo carmesí, pero no fue ella,
Solo mi ansia carmesí, quien dijo:
De amor podría vivir no te alejes
Por ello mi gentil confesor,
Señor anónimo de mi secreto,
Antes de que la oscuridad consuma
Lo que queda,
Esa putrefacta sobra de mi luz,
¿Podría yo mendigar calor?
No poseo madera de poeta,
Pues mis versos son flojos y malos.
No poseo alma de poeta,
Porque solo quedan el abismo.
No poseo estas tristes líneas,
Porque no me poseo a mí mismo.
Hoy he venido a hablaros del mañana,
El mañana es un sueño fugaz,
Que muere al amanecer;
Más en estos amaneceres,
Por lo general se encierra otro día.
El mañana es la destrucción de lo real,
La corrupción de lo casto,
El saqueo de la voluptuosidad divina.
He venido a confesar frente a mis hermanos,
Lejanos y aun mis hermanos,
Que he llegado a este mundo a nada.
Era yo joven aun hace dos años,
Los sueños de hacían y rehacían
Y yo veía a mis congéneres saquear
Los placeres carnales de este mundo,
¡Que los dioses tengan misericordia de este envidioso!
El mañana solía sonreír aun así
Mientras me juraba infinitos deleites,
Infinitos caminos que terminaban todos
Entre bombos y aplausos,
¡Más yo ebrio de envidia no reconocí que tenían un fin!
Yo creí que el mayor peligro para mi sanidad
Era hundirme en libaciones
Y falle en darme cuenta que añorar ese calor
Que solo brindan los dioses como recompensa
Y castigo, podía derrumbar mundos.
Podría sentarme y culparla a ella,
Por arrastrar mi destino hacia
El abismo carmesí, pero no fue ella,
Solo mi ansia carmesí, quien dijo:
De amor podría vivir no te alejes
Por ello mi gentil confesor,
Señor anónimo de mi secreto,
Antes de que la oscuridad consuma
Lo que queda,
Esa putrefacta sobra de mi luz,
¿Podría yo mendigar calor?
No poseo madera de poeta,
Pues mis versos son flojos y malos.
No poseo alma de poeta,
Porque solo quedan el abismo.
No poseo estas tristes líneas,
Porque no me poseo a mí mismo.