pequeña anie
Poeta que considera el portal su segunda casa
He de confesar lo que lleva mi pecho
y que este mundo me oiga gritar,
no quiero reservarme sentimientos
que a mi corazón puedan enquistar...
Amé ciega a quien no supo amar
y de su oscuridad fui prisionera ,
no vi que eran miserias sus besos
y que su boca era gran traicionera...
Marcó mi alma, cuerpo y memoria,
fue verdugo con mi amor sin motivo
y sin contemplación mató lo ofrecido,
sigo reparando los daños obtenidos
borrando palabras en el silencio
y vaciando rincones escondidos...
A pesar de lo cruel de mi historia
aunque quisiera no puedo odiar,
el odio sería castigo de doble filo
que a lo largo me podría asfixiar...
No fue de rosas el camino andado
pero me llevó a lo inesperado,
no se aún el cómo ni cuándo
abrí mi corazón para ser llenado...
Fueron sus ojos la luz de los míos
en el laberinto que deambulaban,
en mi pecho abrió los deseos fríos
que casi sin voz, libertad gritaban...
Él, que llorar no sabía, sin fe lloró
en derrota declarada en mi piel,
luchó con una rosa y un clavel,
hazaña que a la victoria lo llevó...
Él, enseña con amor a conquistar
todos los sueños que dejé marchar,
él, ha secado el mar derramado
y sonrisas en mi alma ha sembrado...
Atrás yacen los miedos deshechos
dejando espacio a nuevos sueños,
libertinas musas dentro del pecho
crean versos libres y risueños...
He de confesar que no duele la piel
ya no hay intruso o esclavitud,
me siento mía, como suya soy...
fui prisionera y ahora soy guerrera,
hoy, el amor se muestra puro y fiel,
no llena de defectos sino de virtud...
En este amor, recibo lo que doy,
esta vez no me deja en espera
y a mi boca sacia con su miel...
Para él, soy lo sublime e impetuoso,
lo inimaginable y nunca deseado,
soy, lo desconocido y hechizante...
Para mí, es el refugio vigoroso
donde las caricias han alcanzado
la gloria bendita incesante...
Es él, cielo que a mis alas dan gozo
en la plenitud de ser proclamada
de su pecho invaluable diamante...
Soy, de sus sueños la instigadora
a la que admira y como niño ama,
a la que sin límite su corazón adora...
Es de mis noches, luz de luna
el que con ternura me acuna,
su cuerpo me brinda el calor
que hace arder al amor.
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