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Confesiones de una pecadora

Dioryoja

Poeta recién llegado
Soy una pecadora…
cuando tu voz me roza en la penumbra
y las luces se rinden,
mis manos descienden como ríos tibios
por el mapa ardiente de mis piernas.

Soy una pecadora…
porque al pensarte mi espalda se arquea
como un arco dispuesto a soltar la flecha,
mis piernas tiemblan,
mis labios se muerden hasta sangrar deseo,
y mi cuerpo se cubre de miel
con la dulzura pecaminosa de un pastel prohibido.

Me arrodillo, pero no para rezar…
sino para perderme en el altar de tu carne.
Tu lengua, serpiente de fuego,
se enreda en mis secretos,
haciendo estremecer hasta el último rincón de mi alma.

Ya ardí en tu infierno…
y en las brasas de tu cuerpo
vi estrellas más allá del universo.
En mi mente caminas desnudo,
mostrando esa escultura de hombre
que es pecado mirar y delito no tocar.

Quiero que me azotes con tu tormenta,
que la suavidad del algodón prepare mi piel,
y que luego la aguja de tu deseo
me inyecte el veneno más dulce.

Soy pecadora…
porque no dejo de pensar en el placer,
en la carne que se enciende con la mía,
en el caos que podemos provocar juntos.

Pero…
que lance la primera piedra
quien no haya deseado
arder en un pecado como este.

-Dior
 
Guau!!!...

Un momento mientras tomo una ducha fría y me controlo para poder comentar.

...

Brrrr.... bien. manos a la obra.

El poema es genial, presentando unos pocos giros perdidos donde no se atina a saber si es lector o actor... activo o pasivo...

Así que espero sea visto con cuidado los detalles que he cambiado... y que podrían generar más intensidad a lo dicho.


Soy una pecadora…
cuando tu voz me roza en la penumbra
y las luces se rinden. (,)
Tus (mis) manos descienden como ríos tibios
por el mapa ardiente de mis piernas.

Soy una pecadora…
porque al pensarte mi espalda se arquea
como un arco dispuesto a soltar la flecha,
mis piernas tiemblan,
mis labios se muerden hasta sangrar deseo,
y mi cuerpo se cubre de miel
con la dulzura pecaminosa de un pastel prohibido.

Me arrodillo, pero no para rezar…
sino para perderme en el altar de tu carne.
Mi (Tu) lengua, serpiente de fuego,
se enreda en tus (mis) secretos,
haciendo estremecer hasta el último rincón de tu (mi) alma.

(otra opción sería...
Te arrodillas, pero no para rezar…
sino para perderme en el altar de tu carne.
Tu lengua, serpiente de fuego,
se enreda en mis secretos,
haciendo estremecer hasta el último rincón de mi alma.)​

Ya ardí en tu infierno…
y en las brasas de tu cuerpo
vi estrellas más allá del universo.
En mi mente caminas desnudo,
mostrando esa escultura de hombre
que es pecado mirar y delito no tocar.

Quiero que me azotes con tu tormenta,
que la suavidad del algodón prepare mi piel,
y que luego la aguja de tu deseo
me inyecte el veneno más dulce.

Soy pecadora…
porque no dejo de pensar en el placer,
en la carne que se enciende con la mía,
en el caos que podemos provocar juntos.

Pero…
que lance la primera piedra
quien no haya deseado
arder en un pecado como este.

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Un gran ardiente y sugerente poema.

Gracias por compartirlo.
 
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