Kabuki
Poeta recién llegado
Congoja
Mi soledad montevideana, mi templo
socavado por esqueletos de hollín, la culpa
con su candil de rubí.
Mi depresión de ultranova, mi violín
roto, la mujer de vestido de flores brinca
el parapeto, muere y se va
en un corcel blanco.
La tundra de la cordillera, el patíbulo
de la calle, esa soga de perro,
ese biombo transparente donde me ves desnudo.
La noche penetra el coagulo de mi mente
y la abre como una mándala,
donde un elefante flaco y viejo
no sabe como regresar a casa.
Hace mucho frío, y estallo en llanto,
la burga irradia los vestigios del albatros,
y el abedul sombrea el único sol del desierto.
Caigo muerto, a bruces, a una finca
de tierra; y de mis ojos nace, al poco tiempo,
un maltés riachuelo.
socavado por esqueletos de hollín, la culpa
con su candil de rubí.
Mi depresión de ultranova, mi violín
roto, la mujer de vestido de flores brinca
el parapeto, muere y se va
en un corcel blanco.
La tundra de la cordillera, el patíbulo
de la calle, esa soga de perro,
ese biombo transparente donde me ves desnudo.
La noche penetra el coagulo de mi mente
y la abre como una mándala,
donde un elefante flaco y viejo
no sabe como regresar a casa.
Hace mucho frío, y estallo en llanto,
la burga irradia los vestigios del albatros,
y el abedul sombrea el único sol del desierto.
Caigo muerto, a bruces, a una finca
de tierra; y de mis ojos nace, al poco tiempo,
un maltés riachuelo.
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