Anaximandro Kent
Poeta recién llegado
Tengo una alforja con higos
hervidos en rebanadas de luces
azules y calientes por mis preguntas en carne viva.
Tengo ristras de atajos
oteando tus ríos de agua cristalinas…
Busco el dique roto por donde huyen las aguas de cobre
cual espejo fugitivo,
veo como huyen los reflejos
y olvido nuestros ojos y montones de almanaques
se me escapan
campo afuera
con tibiezas de minutos no nacidos.
Del templo del deseo, como burbujas
o pájaros de aire
o arrullos de pétalos, surgen urgencias de escondidos aquelarres,
y aparecen secretos de perlas y puñales.
Mañana compraré una orgía de diccionarios inservibles
y una lupa
para hallarte
para hollarte
para cancelar las desventuras
de nuestros combates de estrellas,
para encontrarte mientras afuera de nosotros, nadie mira, nadie vive.
Entonces mi amor
tendré una jauría en mis manos
desesperadas
(como un tren imposible sin estaciones con reloj,
pobre trencito sin vías y sin piel)
por encontrarte, por tenerte a toda hora
de una buena vez,
y de una vez por todas
conocerme.
hervidos en rebanadas de luces
azules y calientes por mis preguntas en carne viva.
Tengo ristras de atajos
oteando tus ríos de agua cristalinas…
Busco el dique roto por donde huyen las aguas de cobre
cual espejo fugitivo,
veo como huyen los reflejos
y olvido nuestros ojos y montones de almanaques
se me escapan
campo afuera
con tibiezas de minutos no nacidos.
Del templo del deseo, como burbujas
o pájaros de aire
o arrullos de pétalos, surgen urgencias de escondidos aquelarres,
y aparecen secretos de perlas y puñales.
Mañana compraré una orgía de diccionarios inservibles
y una lupa
para hallarte
para hollarte
para cancelar las desventuras
de nuestros combates de estrellas,
para encontrarte mientras afuera de nosotros, nadie mira, nadie vive.
Entonces mi amor
tendré una jauría en mis manos
desesperadas
(como un tren imposible sin estaciones con reloj,
pobre trencito sin vías y sin piel)
por encontrarte, por tenerte a toda hora
de una buena vez,
y de una vez por todas
conocerme.