Pablo Martínez Alonso
Poeta asiduo al portal
Secuencias de concecuencias que son traidas por un motivo
que causa un desenlace en el que todos somos tristes,
no era amor, sino una ilusión, una ilusión que cuando parecía realidad,
la realidad parecía mentira, pero al final de un sueño siempre despiertas...
Todo lo que queda es una realidad, una cama vacía, un reloj cruel... y la nada.
Aquí se alínea la hilera de vidas arrasadas por las consecuencias que
una cadena desafortunada de torpezas amorosas barrió sin pensar en un mañana,
pero el amor nunca ha pensado en el mañana, porque el amor es fuego que consume,
cuando nada hay que consumir irremediablemente se apaga, ¿arte? quizá el arte de arrasar.
Las consecuencias quedan, las lágrimas se deslizan corriendo hasta el suicidio,
pronto serán secadas por la mano cariñosa de otra consecuencia del amor,
la fortuna es una niña caprichoza que juega con sus muñecos sin estimar consecuencias,
el puzzle de las relaciones, flechadas por un cupido ciego que sólo de tiempo en tiempo acierta alguna flecha,
no es nada más que un juego después de todo, un juego que no es opcional de jugar.
- Pablo Martínez Alonso -
que causa un desenlace en el que todos somos tristes,
no era amor, sino una ilusión, una ilusión que cuando parecía realidad,
la realidad parecía mentira, pero al final de un sueño siempre despiertas...
Todo lo que queda es una realidad, una cama vacía, un reloj cruel... y la nada.
Aquí se alínea la hilera de vidas arrasadas por las consecuencias que
una cadena desafortunada de torpezas amorosas barrió sin pensar en un mañana,
pero el amor nunca ha pensado en el mañana, porque el amor es fuego que consume,
cuando nada hay que consumir irremediablemente se apaga, ¿arte? quizá el arte de arrasar.
Las consecuencias quedan, las lágrimas se deslizan corriendo hasta el suicidio,
pronto serán secadas por la mano cariñosa de otra consecuencia del amor,
la fortuna es una niña caprichoza que juega con sus muñecos sin estimar consecuencias,
el puzzle de las relaciones, flechadas por un cupido ciego que sólo de tiempo en tiempo acierta alguna flecha,
no es nada más que un juego después de todo, un juego que no es opcional de jugar.
- Pablo Martínez Alonso -
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