iadra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tengo los huesos viejos
y el alma rota,
los ojos escasos de visiones
la mente vacìa de ideas
y la vida repleta de ira.
Tengo un armario lleno de armas,
cargadas y sin seguro
apuntàndome con sus ojos certeros.
A veces, el agua sube a mi boca
se escabulle a mi nariz,
hasta dentro de mis pulmones.
Me han preguntado
por que me quiero matar,
pero yo no quiero hacerlo.
No entienden que en las noches
cuando estoy sola
salen de los cajones las navajas,
con su brillo perverso.
Me miran, sabiendose astutas.
Me miran aterrada, temerosa.
Y entonces vienen a mì
y se aferran a mi cuello,
a mis muñecas
hasta descubrir mis venas,
hasta encontrar el rojo que desean.
Le he contado a todos
lo que me pasa cuando estoy a solas.
Incluso la vez
que las pastillas de dormir
se metieron a mi boca,
y el vodka se vertiò sobre ellas
ayudàndoles en su frenètica maniobra.
Se aferraban a entrar en mi garganta
vodka y somnìferos, reptando por mi tràquea.
Yo saquè algunas con mis manos
pero de inmediato las vendas
se pusieron rojas.
Me puse muy mal, lo recuerdo
terminè en el hospital.
Y luego vinieron esos baños frìos,
las malditas terapias que me convulsionan.
Nadie me cree,
incluso me encierran
porque les da miedo saber
que todas las cosas conspiran
para asesinar a la gente solitaria,
que los objetos solo esperan
un momento para atacarnos
porque saben que no nos entienden,
que en cualquier momento
seremos sus victimas involuntarias.
y el alma rota,
los ojos escasos de visiones
la mente vacìa de ideas
y la vida repleta de ira.
Tengo un armario lleno de armas,
cargadas y sin seguro
apuntàndome con sus ojos certeros.
A veces, el agua sube a mi boca
se escabulle a mi nariz,
hasta dentro de mis pulmones.
Me han preguntado
por que me quiero matar,
pero yo no quiero hacerlo.
No entienden que en las noches
cuando estoy sola
salen de los cajones las navajas,
con su brillo perverso.
Me miran, sabiendose astutas.
Me miran aterrada, temerosa.
Y entonces vienen a mì
y se aferran a mi cuello,
a mis muñecas
hasta descubrir mis venas,
hasta encontrar el rojo que desean.
Le he contado a todos
lo que me pasa cuando estoy a solas.
Incluso la vez
que las pastillas de dormir
se metieron a mi boca,
y el vodka se vertiò sobre ellas
ayudàndoles en su frenètica maniobra.
Se aferraban a entrar en mi garganta
vodka y somnìferos, reptando por mi tràquea.
Yo saquè algunas con mis manos
pero de inmediato las vendas
se pusieron rojas.
Me puse muy mal, lo recuerdo
terminè en el hospital.
Y luego vinieron esos baños frìos,
las malditas terapias que me convulsionan.
Nadie me cree,
incluso me encierran
porque les da miedo saber
que todas las cosas conspiran
para asesinar a la gente solitaria,
que los objetos solo esperan
un momento para atacarnos
porque saben que no nos entienden,
que en cualquier momento
seremos sus victimas involuntarias.
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