Cierro mis ojos para contemplarte, amada mía,
porque no es con ellos que te veo;
la vista es opaca, parcial y reducida:
no es con los sentidos temporales que te miro.
Te veo y te miro para siempre con el alma
que es la genuina manera de elogiarte;
desde mi corazón te llegan las caricias
y es mi espíritu el que te dice estas palabras.
Porque antes de conocerte ya te presentía,
antes de admirarte ya estabas elegida:
solamente yo tenía que encontrarte
como el tesoro que me estaba concedido.
Sólo de esta manera llego a ti:
con la sutil delicadeza de las flores,
con la íntima ofrenda de una lágrima,
con la renunciación al mundo y a la vida.
porque no es con ellos que te veo;
la vista es opaca, parcial y reducida:
no es con los sentidos temporales que te miro.
Te veo y te miro para siempre con el alma
que es la genuina manera de elogiarte;
desde mi corazón te llegan las caricias
y es mi espíritu el que te dice estas palabras.
Porque antes de conocerte ya te presentía,
antes de admirarte ya estabas elegida:
solamente yo tenía que encontrarte
como el tesoro que me estaba concedido.
Sólo de esta manera llego a ti:
con la sutil delicadeza de las flores,
con la íntima ofrenda de una lágrima,
con la renunciación al mundo y a la vida.