Bender Carvajal
Poeta recién llegado
Los hombres sofisticados
tenemos corazones transgénicos,
Dios nos ha dotado
de una visión contemporánea de la vida,
aguda libertad de cráteres,
precisión con el ataque de nuestra hombría,
y quizás un poco de razonamiento
frente a la muerte
para no ir a bañarnos al mar
y que la naturaleza nos confunda
con los delfines.
Somos superiores y vivimos
en la cima de los cadáveres
que hemos apilado como herencia
de antepasados más altos que nosotros mismos;
llevamos el delirio destrozado
porque hemos aprendido a domesticar
la compasión por el resto,
y como una bazofia crecemos
más elevados que el Olimpo
para mirarlo con desdén;
vivimos en manadas y copulamos
con nuestras razones intachables
de hombres sofisticados y contemporáneos;
no le tememos a nada,
no le debemos a nadie;
depreciamos el amor y transamos
la gratuidad de un beso mal pagado,
porque somos hombres elegidos
y reconocemos el sitial de las hembras
que hemos desterrado
a las orilla de nuestros catres
donde pernoctamos con el ego;
hemos atado el futuro como a un ovillo,
matamos el cariño
en eternos funerales de otoño,
tomamos lo que queremos
sin preguntar por la huida inusitada de sus dueños,
y por temor a ser mordidos
o atacados y comidos en nuestras celestiales dignidades
es que repartimos bozales entre vuestros hijos.
(A Marcelo Muñoz)
tenemos corazones transgénicos,
Dios nos ha dotado
de una visión contemporánea de la vida,
aguda libertad de cráteres,
precisión con el ataque de nuestra hombría,
y quizás un poco de razonamiento
frente a la muerte
para no ir a bañarnos al mar
y que la naturaleza nos confunda
con los delfines.
Somos superiores y vivimos
en la cima de los cadáveres
que hemos apilado como herencia
de antepasados más altos que nosotros mismos;
llevamos el delirio destrozado
porque hemos aprendido a domesticar
la compasión por el resto,
y como una bazofia crecemos
más elevados que el Olimpo
para mirarlo con desdén;
vivimos en manadas y copulamos
con nuestras razones intachables
de hombres sofisticados y contemporáneos;
no le tememos a nada,
no le debemos a nadie;
depreciamos el amor y transamos
la gratuidad de un beso mal pagado,
porque somos hombres elegidos
y reconocemos el sitial de las hembras
que hemos desterrado
a las orilla de nuestros catres
donde pernoctamos con el ego;
hemos atado el futuro como a un ovillo,
matamos el cariño
en eternos funerales de otoño,
tomamos lo que queremos
sin preguntar por la huida inusitada de sus dueños,
y por temor a ser mordidos
o atacados y comidos en nuestras celestiales dignidades
es que repartimos bozales entre vuestros hijos.
(A Marcelo Muñoz)
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