Avelino
Poeta veterano/a en el portal
Llegaste como ingenua, inexperta
al lugar donde te esperaban los dioses.
Y tu rostro, todo inocente
contrariaba la imprudencia de tu cuerpo
increíbles cantidades y colores,
azúcares y curvas que delatan
intensas experiencias del amor,
las huellas indelebles, del sexo, la caricia,
sin embargo,
tu cuerpo era pétalos, racimos
tan sólo acariciados por miradas,
por distantes anhelos estirados
o tus pequeñas manos de torpe movimiento.
Y tu rostro de pudor era mentira
porque la sed,
la antigua sed
encendía tus costados,
te pintaba los ojos y la boca,
te sumía en continuos desconciertos
era la razón que te envolvía
y explicaba tu conducta de vidriera....
Yo lo sabía,
por eso te llevé despacio
por oscuros laberintos de caricias
y toda vos; tu piel,
estaba ya de acuerdo con mis manos
porque entonces bajaste las pestañas
asumiendo el calor que te crecía.
Eras ojo cerrado y no dormías.
Tu boca adormecía y las palabras
enredaban susurros inconfesos.
Y cuando toda tu cara parecía soñar
ansiedad eterna,
se alteraron tus rasgos en espasmos
condolida de placer subiste al aire
a flotar en la espuma de la dicha.
Yo entretanto, adherido a tu cintura
te sentía mujer y te apretaba
abarcando el milagro de la carne.
Ahora tu paisaje tiene flores
tu manzana se encontró con su mordisco.
La mano que te nombra
te recorre toda entera
y es tu pecho volcán en alegría.
Ahora sí,
ya podés creer en el amor
por toda la belleza
de saberte contenida.
Avelino. Todos lo derechos reservados
incluído el de pataleo
al lugar donde te esperaban los dioses.
Y tu rostro, todo inocente
contrariaba la imprudencia de tu cuerpo
increíbles cantidades y colores,
azúcares y curvas que delatan
intensas experiencias del amor,
las huellas indelebles, del sexo, la caricia,
sin embargo,
tu cuerpo era pétalos, racimos
tan sólo acariciados por miradas,
por distantes anhelos estirados
o tus pequeñas manos de torpe movimiento.
Y tu rostro de pudor era mentira
porque la sed,
la antigua sed
encendía tus costados,
te pintaba los ojos y la boca,
te sumía en continuos desconciertos
era la razón que te envolvía
y explicaba tu conducta de vidriera....
Yo lo sabía,
por eso te llevé despacio
por oscuros laberintos de caricias
y toda vos; tu piel,
estaba ya de acuerdo con mis manos
porque entonces bajaste las pestañas
asumiendo el calor que te crecía.
Eras ojo cerrado y no dormías.
Tu boca adormecía y las palabras
enredaban susurros inconfesos.
Y cuando toda tu cara parecía soñar
ansiedad eterna,
se alteraron tus rasgos en espasmos
condolida de placer subiste al aire
a flotar en la espuma de la dicha.
Yo entretanto, adherido a tu cintura
te sentía mujer y te apretaba
abarcando el milagro de la carne.
Ahora tu paisaje tiene flores
tu manzana se encontró con su mordisco.
La mano que te nombra
te recorre toda entera
y es tu pecho volcán en alegría.
Ahora sí,
ya podés creer en el amor
por toda la belleza
de saberte contenida.
Avelino. Todos lo derechos reservados
incluído el de pataleo
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