Sergi Siré
Poeta asiduo al portal
CONTIGO AL MARGEN
Recorrí las sendas desconocidas del otoño
que fue, sin duda, el más pasión que dejó entre olivos.
Paseo mis manos por las estrellas y luceros baldíos
que brillan, ya ves, a la altura de tu cuello.
Hago de mi piel la muda de la víbora sedienta
que fue, parece, quién vertió de veneno unas copas.
Exprimo la fruta prohíbida logrando obtener gotas
de, tal vez, romántica y mágica poesía.
Logré en un descuido de tu falda colorada
advertir, quizás, varios centímetros de tus piernas.
De ellas hice sueños y de los mios hice trizas
cayendo, lo sabes, rendido a tus escurridizas curvas.
Escribo sin levantar el pulso, palabras encadenadas
pues encadenada está mi alma a las patas de mi cama.
Pues escribo sin tenerte, maldigo el no tenerte.
Escribo sin levantar la mirada, sueños rotos
pues roto queda el recuerdo si solamente quedó eso.
Pues escribo, ya ves, contigo al margen.
que fue, sin duda, el más pasión que dejó entre olivos.
Paseo mis manos por las estrellas y luceros baldíos
que brillan, ya ves, a la altura de tu cuello.
Hago de mi piel la muda de la víbora sedienta
que fue, parece, quién vertió de veneno unas copas.
Exprimo la fruta prohíbida logrando obtener gotas
de, tal vez, romántica y mágica poesía.
Logré en un descuido de tu falda colorada
advertir, quizás, varios centímetros de tus piernas.
De ellas hice sueños y de los mios hice trizas
cayendo, lo sabes, rendido a tus escurridizas curvas.
Escribo sin levantar el pulso, palabras encadenadas
pues encadenada está mi alma a las patas de mi cama.
Pues escribo sin tenerte, maldigo el no tenerte.
Escribo sin levantar la mirada, sueños rotos
pues roto queda el recuerdo si solamente quedó eso.
Pues escribo, ya ves, contigo al margen.