Daniel Martínez Bauzá
Poeta recién llegado
Avisé a los rosales del vergel,
recogí los espinos y, a su vez,
enjuagué los panales con más miel.
Afiné y afiné aquel cascabel,
frenesí de los vinos en mi tez.
Cabalgué a dar la alarma en un corcel.
No es posible, me dijeron.
¡Cuan ilusos y deshechos!
Pensaban,
y también yo antes,
que nada más bello
que el magno jardín
pisaría sus estrellas.
Increíble, no se fueron.
Ya reclusos de otro techo.
Estaban, ante mí distantes,
cruzando el arroyo
buscándote a ti,
remontando mis huellas.
Llegaron a ti,
silencio.
Pasó un segundo,
diez minutos,
dos horas,
un día...
Quedaron abrumados.
recogí los espinos y, a su vez,
enjuagué los panales con más miel.
Afiné y afiné aquel cascabel,
frenesí de los vinos en mi tez.
Cabalgué a dar la alarma en un corcel.
No es posible, me dijeron.
¡Cuan ilusos y deshechos!
Pensaban,
y también yo antes,
que nada más bello
que el magno jardín
pisaría sus estrellas.
Increíble, no se fueron.
Ya reclusos de otro techo.
Estaban, ante mí distantes,
cruzando el arroyo
buscándote a ti,
remontando mis huellas.
Llegaron a ti,
silencio.
Pasó un segundo,
diez minutos,
dos horas,
un día...
Quedaron abrumados.