Contradicciones de un truan

Lexema

Poeta que considera el portal su segunda casa
Si pudiera en un instante,
recordar y recordar tantas cosas entre nos, cosas que quizá no deberían ser recordadas.
Mas abrá algún náufrago
que no quiera ser salvado,
o un cuento que no anhele
ser contado entorno a la fogata que lo propicia.

El momento me evoca este incierto, de querer pensar o creer que en ella pienso y no sea más que una ilusión colgando, cual cortina
deseando volar como golondrina en una tarde plateada.

No sé... pero recordar duele, arde en la sien y en el pecho;
quema como lejía en los ojos
y caen palomas de mi rostro
queriendo volar y no pueden.

Pero si pudiera... si tan solo esta noche eterna, callada y vacía, pudiera recordar las rosas en su pelo, la melodía de sus palabras, el canto de sus manos y la leña de su boca.
Recordaría el azul inmenso testigo del olocausto donde enscinerabamos el suelo.

No sería demasiado pedir,
pues algo debe quedar en la memoria, allí como una grabación que se repite y repite interminablemente,
sucediendo el principio al final, imperceptible de su propio final. ¿A caso importa sentir? ¿O imaginar que siento es suficiente...?

Pues aún recuerdo sentir sus ríos agitados corriendo por su cuello como manada de elefantes, recuerdo el resucitar de sus pezones y el tragar de una garganta húmeda, esperando otra humedad para converger entre olas y espumas

Algo que no debo, pero que recuerdo como el condenado recuerda su sentencia, son sus manos y el sonido a continuación del cierre de su hábito, que descendía desde la copa hasta las raíces de su ser. Un albinismo moderado connotó en ese momento por la falta de sol, mas al parecer, no tuvo efecto en el nogal oscuro de sus frescas uvas.

Acto seguido, sus manos someten mi lengua hasta llevarme a la laguna de su sexo.
No hay sabor más distintivo que el de sus deseos por ser poseída, un masoquismo frenético bajo el fulgor de un frenesí pluscuamperfecto que no dejaba lugar a las palabras,

¿Para qué las palabras? Si el idioma no hacía falta, bastaba con la lengua y unos dígitos lujuriosos que encontraron la letra del abecedario casi perdiendo la mano, por un retorcer de piernas contraídas por el éxtasis digital que no fue suficiente.

Tomó mi hombría y la hizo suya como quien quiere suicidarse, asintiendo con los ojos de luna llena, pidiéndome con sus manos en mi cintura, que no tenga piedad, ni compación alguna. Empujamos los dos, yo hacía dentro, ella a ambas direcciones al mismo instante, parecía una tortuga que quería y no sacar la cabeza...

De repente, un quejido al unísono de una rotura de membrana pura, una rasgadura en un lienzo flagelado que no volverá a su natural estado, y que tampoco quiero...

Pues recuerdo el dolor mesclado con placer y las lágrimas en sus mejillas culpandome de haberme robado su inocencia y suplicándome que la siguiera robando con mordidas de ratonsuelo tramposo, para comerse el queso cuidado por ojos de Sor Maria, por tanto tiempo.
Hasta que no hubo tumba
para enterrar aquella detonación irrefutable
que confirmaba se había corrido por primera y quizá por última...

Mas a pesar de querer recordar, es imposible, simplemente imposible.
Porque no sería más que una terquedad avismal, recordar lo que dijimos nunca pasó,
por miedo al qué dirán de aquello que supuestamente era imposible ante la ordenanza de la cruz.
 
Última edición:
Un despliegue intenso, apasionado que se vuelve desahogo de emociones querido amigo... me pareció más bien prosa o relato...no sé...
Igual pasa el texto por la revisión ortográfica de word (por ejemplo) para que esas fallas no le hagan daño a tus letras...
Un gusto que estés por aquí nuevamente...te abrazo con todo mi cariño...
Nancy
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba