Jeison
Poeta fiel al portal
por las calles con la cabeza arriba, improvisando
cualquier gesto que pudiese decir algo.
Tantas veces se movió el océano en mi sombra,
tantas veces al cobrar la vista, caía en la cuenta
de que en verdad, nunca había visto nada. Y seguía sin ver.
Sin escuchar, si quiera, el latido del pecho
que ansiaba a gritos un revuelo de pájaros. O la palabra
como tambor que sonaba en mi garganta, esperando
resurgir con las voces de todos los seres retraídos.
Qué absurdo fue creer que este espejo transportaría horizontes,
que estaba permitido llorar debajo de la lluvia
o caminar descalzo en medio de un jardín encendido.
Quién hubiera creído en estos suelos que no emanan emblemas,
en esta muerte que no soluciona caminos. Y el dolor, llegando
como reguero de pólvora, destrozando, sacudiendo
esperanzas conformes al alma. Cuántas veces al levantarme
caía sin sacudir el polvo, cuántas veces, aferrado al reloj
dependía, estrictamente del forcejeo parcial en las manecillas.
Porque fue tan arduo el camino y tan inconstante los pasos,
porque te das cuenta, de pronto, que todo carece de sentido.
Y Nada ha sido fácil, ni ligeramente comprensible. Nada
ha contribuido a la causa por la que se hicieron los sollozos.
Pero de cada nostalgia se arrancarán raíces, de cada lágrima
saldrá un pescado, de cada insulto yacerá un nuevo verso.
Y de cada hombre con valor, surgirá de nuevo, la tierra prometida.
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