Cesar Romero
Poeta recién llegado
Besaba sus mejillas
en la oscuridad del convento
el brillo de sus ojos era mi luz
me llevó de la mano
por oscuras habitaciones
hablaba del sacerdote
de los fantasmas que habitaron allí
nadie asomó en las regaderas
ninguna beata la reprendió
ni la hizo caminar en silencio
pero había silencio
en un sepulcro estabamos
una tumba erguida con recelo
solos
inexplicables
en la alcoba de algún seminarista
la besé y sus labios estaban frios.
en la oscuridad del convento
el brillo de sus ojos era mi luz
me llevó de la mano
por oscuras habitaciones
hablaba del sacerdote
de los fantasmas que habitaron allí
nadie asomó en las regaderas
ninguna beata la reprendió
ni la hizo caminar en silencio
pero había silencio
en un sepulcro estabamos
una tumba erguida con recelo
solos
inexplicables
en la alcoba de algún seminarista
la besé y sus labios estaban frios.
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