Jeison
Poeta fiel al portal
1. El desespero
Me hallo en la yugular de la tierra,
los automóviles de azufre seco
van bajado de las nubes que a lo lejos
parecen masturbarse
en las pequeñas hojas de la atmósfera.
La espiritosa capa de la tierra
deduce anclar en polvo las ardientes palabras
para luego lanzarlas sin sentido
hacia el horrendo ombligo de los mares.
Y yo estoy aquí, solo,
anclado como un buzo a jerga de los muelles,
sin poder liberarme de este traje marino
que me ahoga en la penumbra
y me entrecorta el alma
llenándome de furias y de pestes,
de quejas y de angustias, de muerte y de silencio.
2. La decepción
No fuiste tú, pequeña. La oscura en el desierto.
Y lanzando mi vida a los abismos
renovaste tu cuello salobre, en donde ardían
como en una caldera, los racimos
vaporosos de la boca. Los aullantes recuerdos
de tela húmeda, en donde la carne
lastimaba los gritos y las sordas palabras
que abrían vasto abismo a los espíritus.
3. La cárcel
Yo fui de casa en casa, de caldera en caldera,
buscando el Corpus Christi en el plumaje
ibérico del diablo, tal vez, con menosprecio,
tal vez, diciendo todo,
o tal vez, sin pronunciar palabra.
Mi rostro muerto abriendo el frío párpado
en donde estaban secos mis dos ojos
como piedras de acero que la tierra expulsaba
de su maldita entraña gusaniega.
Pude verlos en medio de barrotes calcinados
que aún ardían como los vírgenes volcanes
en las plazas de piedra inhabitadas,
saliendo a consumir seres, sombra de pechos
sin estómago aún, carcasas genitales
con periodo y con semen,
arrogante saliva venenosa
en donde se encontraban las gigantescas víboras
con alba y con relojes, con sermones y vino
repartiendo los panes consagrados
en esféricas chozas de aluminio.
Entonces, penetré mi lengua en lo más íntimo,
en lo más delirante de sus cuerpos,
y hallé: hombre con hombre,
mujeres como mujeres, niños con otros niños,
hombres, niños, mujeres,
y todo lo que fuese entre ellos y por ellos.