Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
COPLA A LA MAMI MÍA.
¡Ay, que de penar es mi canto!
Que creo que me mataron vivo
esbozó un llanto en suspiros
mira lo que te digo:
Que el corazón me lo han roto
fue trozo en el suelo
lo llevaba como tinaja
para llenarlo de su agua,
llegue hasta su fuente bendita
y de verso se llenó la boca
pero al darme la vuelta
a este idiota
el barro se resbaló de sus manos.
Me creí hasta la última gota
pero fue en vano,
que no era agua limpia, mami
y me deje en derrota
viendo como se iba
despacito mojándome la ropa.
Llego a mis pies descalzos
y en mala hora
sin sacar pañuelo de despedida
se fue calle abajo,
a la deriva y en rumbo
a alejarse por siempre
de mi boca.
¡Y no hay copla que resuene
ni páramo que me acoja!
En congoja me he quedado
rebota el rocío en mis manos
y baña a mí corazón marchito
que me lloran hasta las rosas.
En la iglesia
el agua bendita
se volvió vinagre
para castigarme los labios.
Porque la ame más que a nadie
aparte hasta Dios de mis altares,
ella fue rosario y rezo
y en el brezo de su enagua
colgué todos mis amores presos.
Déjame quedarme un poco
en el calor de tu regazo.
No quiero ver a la luna
ni que la luna vea mi llanto,
no son lágrimas de plata
que son puñales de espanto
que me abren las mejillas
en surcos con acantilados.
Dame el mar y ponlo en mis brazos
y me acaricie la ola a los dedos,
que presto sea marinero
para surcar al amor de nuevo.
Ya no me creo nada, mami
que la confianza la he perdido
sólo soy testigo
del pasar de madrugadas.
No quiero coger el postigo
ni el relevo, ni nada
sólo quiero el destino
que me acoja en el olvido.
Al pensamiento reniego
y a la frente maldigo,
que sin ser gitana
que sin ser morena,
sin trenzas, ni velo en la cara,
por siempre me quito el sentió.
Arrópame, mami
y hazme una cama de besos,
¡Que la almohada solo sea eso!
De sábana tu mano en mi cabeza
y con presteza note el alma
que sin hablarte
ya me has entendido
ya me estas consolando.
¡Que siendo tan grande
me ha dejado tan pequeño!
No soy ya niño travieso
sino hombre en desasosiego.
En la distancia te cubro de besos
siento que me sientes
y con este verso te expreso
todo lo que te quiero
colgando en letras
mí respeto y mí agradecimiento.
Pero lo que sí se ahora
es que siempre seré
de Prudencia Arenas
su niño travieso.
Un beso, sólo eso, mami.
Juan José Marin.
¡Ay, que de penar es mi canto!
Que creo que me mataron vivo
esbozó un llanto en suspiros
mira lo que te digo:
Que el corazón me lo han roto
fue trozo en el suelo
lo llevaba como tinaja
para llenarlo de su agua,
llegue hasta su fuente bendita
y de verso se llenó la boca
pero al darme la vuelta
a este idiota
el barro se resbaló de sus manos.
Me creí hasta la última gota
pero fue en vano,
que no era agua limpia, mami
y me deje en derrota
viendo como se iba
despacito mojándome la ropa.
Llego a mis pies descalzos
y en mala hora
sin sacar pañuelo de despedida
se fue calle abajo,
a la deriva y en rumbo
a alejarse por siempre
de mi boca.
¡Y no hay copla que resuene
ni páramo que me acoja!
En congoja me he quedado
rebota el rocío en mis manos
y baña a mí corazón marchito
que me lloran hasta las rosas.
En la iglesia
el agua bendita
se volvió vinagre
para castigarme los labios.
Porque la ame más que a nadie
aparte hasta Dios de mis altares,
ella fue rosario y rezo
y en el brezo de su enagua
colgué todos mis amores presos.
Déjame quedarme un poco
en el calor de tu regazo.
No quiero ver a la luna
ni que la luna vea mi llanto,
no son lágrimas de plata
que son puñales de espanto
que me abren las mejillas
en surcos con acantilados.
Dame el mar y ponlo en mis brazos
y me acaricie la ola a los dedos,
que presto sea marinero
para surcar al amor de nuevo.
Ya no me creo nada, mami
que la confianza la he perdido
sólo soy testigo
del pasar de madrugadas.
No quiero coger el postigo
ni el relevo, ni nada
sólo quiero el destino
que me acoja en el olvido.
Al pensamiento reniego
y a la frente maldigo,
que sin ser gitana
que sin ser morena,
sin trenzas, ni velo en la cara,
por siempre me quito el sentió.
Arrópame, mami
y hazme una cama de besos,
¡Que la almohada solo sea eso!
De sábana tu mano en mi cabeza
y con presteza note el alma
que sin hablarte
ya me has entendido
ya me estas consolando.
¡Que siendo tan grande
me ha dejado tan pequeño!
No soy ya niño travieso
sino hombre en desasosiego.
En la distancia te cubro de besos
siento que me sientes
y con este verso te expreso
todo lo que te quiero
colgando en letras
mí respeto y mí agradecimiento.
Pero lo que sí se ahora
es que siempre seré
de Prudencia Arenas
su niño travieso.
Un beso, sólo eso, mami.
Juan José Marin.
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