Coqueteé descaradamente con la ruina, toda la noche
acercando mis ajados labios hacia la exquisita carnosidad
de echarlo todo por la borda, jugosos néctares
mientras me mantenías tomado de la mano dedos
rozándose, en el café Merlot, avanzada la madrugada;
supongo que tu coqueteabas decididamente con la apatía
sin soltar de forma alguna mis falanges, ejércitos distantes
tomando por asalto fáctico el seno mismo del dolor.
acercando mis ajados labios hacia la exquisita carnosidad
de echarlo todo por la borda, jugosos néctares
mientras me mantenías tomado de la mano dedos
rozándose, en el café Merlot, avanzada la madrugada;
supongo que tu coqueteabas decididamente con la apatía
sin soltar de forma alguna mis falanges, ejércitos distantes
tomando por asalto fáctico el seno mismo del dolor.