Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
Camino la noche y a mi encuentro vienen
espectros de fuego.
Desfigurados y heridos como yo.
El dolor , como un caracol,
recorre el pecho y lo siembra de
coraje terminal.
Como si fuera un escudo en un mundo,
sin sentido.
Y no lo tiene, yo disimulo,
y me venzo en mi abrigo,
me envuelvo en un murmullo ,
que guardo en el oído,
me refugio en una palabra tuya que
me protege a estas horas.
El miedo no existe, solo
este dolor que no cesa,
y que hace escarnio en la carne
que desprecia al alma muerta,
un péndulo gigantesco que desgasta mi cabeza.
La esquina para mi es el límite,
la sombra más oscura mi batalla,
mis ojos son amarillos,
la nostalgia se espigó en la córnea,
busco heridas de navajas,
entre estos y los otros,
con sus máscaras de negligencia.
No cesa el dolor,
Inmune al alcohol y al viento,
a la noche que no termina,
a la lluvia ,
a los ebrios y a las putas del puerto.
Una noche como esta quisiera que tuvieras,
una noche de calaveras y barcos hundidos,
una noche de esqueletos rancios,
una negra como mi esperanza,
una de esta muerte mía que no aparece.
Solo para que sepas el costo del olvido,
para que veas el dolor que he gastado,
y sepas de mis bolsillos vacíos,
solo para que veas mi boca remontada con alambres,
para que digas mi nombre,
en medio de estas sombras,
para que dibujes mi caída con tus manos distantes,
en este muro que sostiene mi espalda y mis hombros,
para mantener el alma y el cuerpo.
Yo intuyo que respiro, levemente
la mirada se me callo hace tiempo,
quedo divulgada en el puente que erige
este aliento que quisiera fuera el último.
Lo demás quedo en el suelo,
y ya se lo han comido los perros,
que me siguen fieles a esta mi tristeza.
espectros de fuego.
Desfigurados y heridos como yo.
El dolor , como un caracol,
recorre el pecho y lo siembra de
coraje terminal.
Como si fuera un escudo en un mundo,
sin sentido.
Y no lo tiene, yo disimulo,
y me venzo en mi abrigo,
me envuelvo en un murmullo ,
que guardo en el oído,
me refugio en una palabra tuya que
me protege a estas horas.
El miedo no existe, solo
este dolor que no cesa,
y que hace escarnio en la carne
que desprecia al alma muerta,
un péndulo gigantesco que desgasta mi cabeza.
La esquina para mi es el límite,
la sombra más oscura mi batalla,
mis ojos son amarillos,
la nostalgia se espigó en la córnea,
busco heridas de navajas,
entre estos y los otros,
con sus máscaras de negligencia.
No cesa el dolor,
Inmune al alcohol y al viento,
a la noche que no termina,
a la lluvia ,
a los ebrios y a las putas del puerto.
Una noche como esta quisiera que tuvieras,
una noche de calaveras y barcos hundidos,
una noche de esqueletos rancios,
una negra como mi esperanza,
una de esta muerte mía que no aparece.
Solo para que sepas el costo del olvido,
para que veas el dolor que he gastado,
y sepas de mis bolsillos vacíos,
solo para que veas mi boca remontada con alambres,
para que digas mi nombre,
en medio de estas sombras,
para que dibujes mi caída con tus manos distantes,
en este muro que sostiene mi espalda y mis hombros,
para mantener el alma y el cuerpo.
Yo intuyo que respiro, levemente
la mirada se me callo hace tiempo,
quedo divulgada en el puente que erige
este aliento que quisiera fuera el último.
Lo demás quedo en el suelo,
y ya se lo han comido los perros,
que me siguen fieles a esta mi tristeza.
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