Ronald Bonilla
Poeta asiduo al portal
Debo recobrarte, corazón.
Debo anularte,
turbia fe en tus latidos.
Debo reprimirte, sangre en el pulso
de los besos.
Debo atajarte, amarrarte, vencerte,
sed de sus ojos,
hambre de ausencias.
Debo quemarte en recuerdo del fuego.
Debo escupirte, evocación del desaire.
Debo ahogarte, tempestad de cada hora.
Y también suprimirte,
rostro ondeando en el velamen de su sombra.
Borrarte, imposible hasta el olvido
y esta brisa de inviernos.
Acaso debo aniquilarte,
si te he instalado para siempre
entre mi pecho y los proclives fantasmas
que suscitan toda esperanza.
Y a ella, a ella, corazón de niebla,
¿acaso debo amarla sin ningún asidero
ante el abismo?
De mi libro LA LUJURIA DEL PÉTALO
Derechos de autor protegidos por ley
Debo anularte,
turbia fe en tus latidos.
Debo reprimirte, sangre en el pulso
de los besos.
Debo atajarte, amarrarte, vencerte,
sed de sus ojos,
hambre de ausencias.
Debo quemarte en recuerdo del fuego.
Debo escupirte, evocación del desaire.
Debo ahogarte, tempestad de cada hora.
Y también suprimirte,
rostro ondeando en el velamen de su sombra.
Borrarte, imposible hasta el olvido
y esta brisa de inviernos.
Acaso debo aniquilarte,
si te he instalado para siempre
entre mi pecho y los proclives fantasmas
que suscitan toda esperanza.
Y a ella, a ella, corazón de niebla,
¿acaso debo amarla sin ningún asidero
ante el abismo?
De mi libro LA LUJURIA DEL PÉTALO
Derechos de autor protegidos por ley
Última edición por un moderador: