Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Como intrínseco tesoro de vidrio,
y zarandeado por mi patetismo, yo, a fin
de aunar de nuevo su sentimental razón de ser,
voy juntando poco a poco y día a día, el sensible
estropicio de mi corazón.
Intento restaurar, como puedo,
sentimientos que entregué sin mezquinar
y razón que cedí por cortesía, una y otra vez;
sin saber más de las veces, que únicamente yo,
era quien rendía culto al sentimiento y la razón
(¿qué más sentimiento y razón que la de amar?)
Pero resulta que éste vítreo corazón mío;
que deposité confiado en el falso pedestal
de una promesa, por inestable apoyo, se hizo añicos
contra la dura deslealtad del único amor de mi vida.
¿Y qué hace un corazón cristalino entre la tanta ficción
y virtualismo temático de hoy, sobre cómo amar?
Cómo rareza que es; ¿no debería descansar
en el museo 'Ripley’ de Londres, u otro?
En el armario de mi casa al menos.
Así remendado, no sé bien cómo me irá a quedar;
pero, aun dudando que mi trizado corazón,
sentimentalmente destelle otra razón de amar,
aquí estoy: juntando meticulosamente, poco a poco
y día a día, mis delicados sentimientos rotos.
¿Procuro acaso que me quede lo más similar posible
a cuando sano; para que su fisurado sentimiento
y su razón, sigan mendigando aquel desamor?...
Es muy probable. Pero éste, como musa que es,
deberá solventar: daños y perjuicios morales,
el costo de mi tiempo y el pegamento.
...
y zarandeado por mi patetismo, yo, a fin
de aunar de nuevo su sentimental razón de ser,
voy juntando poco a poco y día a día, el sensible
estropicio de mi corazón.
Intento restaurar, como puedo,
sentimientos que entregué sin mezquinar
y razón que cedí por cortesía, una y otra vez;
sin saber más de las veces, que únicamente yo,
era quien rendía culto al sentimiento y la razón
(¿qué más sentimiento y razón que la de amar?)
Pero resulta que éste vítreo corazón mío;
que deposité confiado en el falso pedestal
de una promesa, por inestable apoyo, se hizo añicos
contra la dura deslealtad del único amor de mi vida.
¿Y qué hace un corazón cristalino entre la tanta ficción
y virtualismo temático de hoy, sobre cómo amar?
Cómo rareza que es; ¿no debería descansar
en el museo 'Ripley’ de Londres, u otro?
En el armario de mi casa al menos.
Así remendado, no sé bien cómo me irá a quedar;
pero, aun dudando que mi trizado corazón,
sentimentalmente destelle otra razón de amar,
aquí estoy: juntando meticulosamente, poco a poco
y día a día, mis delicados sentimientos rotos.
¿Procuro acaso que me quede lo más similar posible
a cuando sano; para que su fisurado sentimiento
y su razón, sigan mendigando aquel desamor?...
Es muy probable. Pero éste, como musa que es,
deberá solventar: daños y perjuicios morales,
el costo de mi tiempo y el pegamento.
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