Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
No, no voy a ponerme a lamentar tu despedida;
voy a dejarte madurar lo verde del amor
que te parecía.
No voy a tocar ni con un pétalo,
tu imperiosa decisión de ver la vida; esa,
que dices merecerte aun, y mantuviste atada
a mi desidia.
Voy a dejarte volver, sin chistar,
al caduco pasado que has vivido memorando,
disfrazado de prodigio por tu pobre fantasía.
Voy a dejarte encontrar contigo misma,
mientras yo, partido en cuatro el corazón,
hago de mi apatía lo que siempre hice:
señuelo infalible de amores esquivos y
pasaje forzoso a mi propia alegría.
Sin molestarte; también voy a ponerme a vivir.
Espero que te den celos y rabia; ya que todo
es estrategia para regresarte un día.
No, ¡qué voy a lamentar tu abandono!...
Por lógica, a la larga tu verde ilusión hará de mí,
lo que realmente soy: el amor de tu vida.
voy a dejarte madurar lo verde del amor
que te parecía.
No voy a tocar ni con un pétalo,
tu imperiosa decisión de ver la vida; esa,
que dices merecerte aun, y mantuviste atada
a mi desidia.
Voy a dejarte volver, sin chistar,
al caduco pasado que has vivido memorando,
disfrazado de prodigio por tu pobre fantasía.
Voy a dejarte encontrar contigo misma,
mientras yo, partido en cuatro el corazón,
hago de mi apatía lo que siempre hice:
señuelo infalible de amores esquivos y
pasaje forzoso a mi propia alegría.
Sin molestarte; también voy a ponerme a vivir.
Espero que te den celos y rabia; ya que todo
es estrategia para regresarte un día.
No, ¡qué voy a lamentar tu abandono!...
Por lógica, a la larga tu verde ilusión hará de mí,
lo que realmente soy: el amor de tu vida.
Última edición: