Caía tu pelo, cántaro de trigo,
sobre mi pecho acelerado, entre la sombra.
Caían tus ropas sueltas en la alfombra,
Como pétalos, y el reloj era testigo.
sobre mi pecho acelerado, entre la sombra.
Caían tus ropas sueltas en la alfombra,
Como pétalos, y el reloj era testigo.
Tú, me reclamabas más abrigo,
yo, ladrón, te robé la primavera.
Lo cierto es que aquella vez primera,
nació un amante, pero murió un amigo.
yo, ladrón, te robé la primavera.
Lo cierto es que aquella vez primera,
nació un amante, pero murió un amigo.
El mundo arreciaba en el postigo,
y la pasión, en el cuarto, se expandía.
Pero la llama de la vela se moría,
como los escasos sueños, que aún persigo.
y la pasión, en el cuarto, se expandía.
Pero la llama de la vela se moría,
como los escasos sueños, que aún persigo.
No sé si tu partida fue un castigo,
o debió ser así, ley de la vida.
Mientras duró, fui lámpara encendida,
pero te fuiste, y mi luz... se fue contigo.
o debió ser así, ley de la vida.
Mientras duró, fui lámpara encendida,
pero te fuiste, y mi luz... se fue contigo.
Marino Fabianesi
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