Carlos Clemente Olivares
Poeta recién llegado
Levante mí vista del suelo lentamente,
poco a poco fui penetrando tus dominios con mi mirada,
tu terreno inundó mis ojos y los lleno de lágrimas,
provocando en mí una cálida sensación, una paz enorme,
como si descansase de una terrible incógnita que me cegaba.
Seguí recorriendo, palmo a palmo tu cuerpo
y denote tu figura perfecta, casi intacta,
sin nadie que reclamara ser tu dueño,
deseoso de rendirse en culto,
como virgen altiva en sacrificio a su dios.
Al Fin comprobé tu presencia,
al fin note que existías,
tantos años te tuve a mi lado y aun dudaba que vivieras.
Tantos amores míos visten pasar, lastimándote,
estrujando tus entrañas, desgarrando tu cuerpo,
hasta hacerlo sangrar como en forma de lagrimas
y nunca dijiste nada,
callaste toda palabra que necesitaba
para convencerme que eras algo real, algo mío,
algo que me daba fuerzas para vivir la vida,
mercenario de pasiones,
cazador de ilusiones segadoras de sueños.
no necesitaba nada más de ti en mi vida,
tan solo una mentira, tan solo un latido,
un indicio o una palabra escondida tras torrentes de sangre.
Te sostuve en mi mano, indeciso,
creyendo que eras una ilusión mas de mi perdida mente,
rodeado de señuelos, de lamentos, de añoranzas
y sentí como poco a poco las fuerzas me faltaban,
caí de rodillas como rezando una plegaria mortuoria
y comprendí la necesidad profana de que existieras en mí.
Te mire por última vez, dificultosamente
y mi rostro dibujó una sonrisa opaca,
tal vez de arrepentimiento, tal vez de consuelo
tal vez de alegría al saber lo gravemente equivocado que estaba.
Al fin comprobé que existías,
al fin descubrí que existías, CORAZ[FONT="]ÓN
y hoy me arrepiento de haberlo comprobado.
poco a poco fui penetrando tus dominios con mi mirada,
tu terreno inundó mis ojos y los lleno de lágrimas,
provocando en mí una cálida sensación, una paz enorme,
como si descansase de una terrible incógnita que me cegaba.
Seguí recorriendo, palmo a palmo tu cuerpo
y denote tu figura perfecta, casi intacta,
sin nadie que reclamara ser tu dueño,
deseoso de rendirse en culto,
como virgen altiva en sacrificio a su dios.
Al Fin comprobé tu presencia,
al fin note que existías,
tantos años te tuve a mi lado y aun dudaba que vivieras.
Tantos amores míos visten pasar, lastimándote,
estrujando tus entrañas, desgarrando tu cuerpo,
hasta hacerlo sangrar como en forma de lagrimas
y nunca dijiste nada,
callaste toda palabra que necesitaba
para convencerme que eras algo real, algo mío,
algo que me daba fuerzas para vivir la vida,
mercenario de pasiones,
cazador de ilusiones segadoras de sueños.
no necesitaba nada más de ti en mi vida,
tan solo una mentira, tan solo un latido,
un indicio o una palabra escondida tras torrentes de sangre.
Te sostuve en mi mano, indeciso,
creyendo que eras una ilusión mas de mi perdida mente,
rodeado de señuelos, de lamentos, de añoranzas
y sentí como poco a poco las fuerzas me faltaban,
caí de rodillas como rezando una plegaria mortuoria
y comprendí la necesidad profana de que existieras en mí.
Te mire por última vez, dificultosamente
y mi rostro dibujó una sonrisa opaca,
tal vez de arrepentimiento, tal vez de consuelo
tal vez de alegría al saber lo gravemente equivocado que estaba.
Al fin comprobé que existías,
al fin descubrí que existías, CORAZ[FONT="]ÓN
y hoy me arrepiento de haberlo comprobado.
Última edición por un moderador: