Bravo Coronado
Poeta recién llegado
CORAZON EXTENDIDO
Un camino obtuso se me ha venido del monte,
Y mis pies enfundados en la obstinación
Tropiezan cual paloma ciega,
En el aire de las bandadas,
Plena de satisfacción,
Liberada del instinto animal,
Enclavada sobre una nube diluida.
Una congoja primordial llora que llora sus años felices
En mis ojos de estrella polar, tristes,
Barren sus penas de amor por mi espíritu;
Ya no tengo más nada
Si no viniste.
El sanguina de mis ojos
Por el lustre alabastro de la luna en su podio.
El surco preferido de mil lágrimas recorridas
Por el canto sobrenatural de las hojas cayendo en otoño.
El abismo insondable entre tus brazos
Por el centelleo del mar en las noches,
En que tu belleza irradió los colores impolutos del divino amor,
Un trueque eterno.
En el silencio absoluto solo se oye el corazón,
Que recuerda quién soy por las mañanas
Y en el atardecer.
Y nada más que tus labios vibrando,
Y nada más que los sueños que tus ojos arrojaron al mundo,
En centellas de éter por lustros, nada más
Quiero, y ya no estás...
Un camino obtuso se me ha venido del monte,
Y mis pies enfundados en la obstinación
Tropiezan cual paloma ciega,
En el aire de las bandadas,
Plena de satisfacción,
Liberada del instinto animal,
Enclavada sobre una nube diluida.
Una congoja primordial llora que llora sus años felices
En mis ojos de estrella polar, tristes,
Barren sus penas de amor por mi espíritu;
Ya no tengo más nada
Si no viniste.
El sanguina de mis ojos
Por el lustre alabastro de la luna en su podio.
El surco preferido de mil lágrimas recorridas
Por el canto sobrenatural de las hojas cayendo en otoño.
El abismo insondable entre tus brazos
Por el centelleo del mar en las noches,
En que tu belleza irradió los colores impolutos del divino amor,
Un trueque eterno.
En el silencio absoluto solo se oye el corazón,
Que recuerda quién soy por las mañanas
Y en el atardecer.
Y nada más que tus labios vibrando,
Y nada más que los sueños que tus ojos arrojaron al mundo,
En centellas de éter por lustros, nada más
Quiero, y ya no estás...