Corazón valiente

Neida C. Mina

Poeta recién llegado
Recorreré todas las colinas y montañas
subiré las mas grandes y pequeñas murallas,
surcaré hasta los siete mares...
Desiertos y pantanos, ningún obstáculo me serán.

No importa si el Sol lejos se ausenta
si solo la oscuridad con la tormenta,
porque ni castillos con sus reyes y dragones
ni bestias salvajes o presencia humana,
a mi corazón valiente se lo impedirán.

(Él, se decía a sí mismo en silencio
y con determinación, lo daba por hecho).

La vida y el destino, tampoco me podrán negar
devolverme tu amor y la primavera,
pues hasta entonces el invierno seguirá
con la muerte manchando las calles
y la melodía fúnebre de un violín...
que suena al enterrar nuestras esperanzas
y sirve para acompañar nuestras lagrimas.

Aun así, con cualquier peligro podré
si existen los riesgos, los dominaré...
contra el enemigo mi espada no descansará
pues estaré esperándolo desde el amanecer...
sobreviviendo al delirio de sus ambiciones
que resultan solo ser, podridas intenciones.

Y todo, por un amor que quema como el fuego
incontenible dentro de nuestro pecho,
obrando en cada decidido paso que damos...
con nuestra victoria, poco a poco forjando.


Y no, ellos jamás siquiera lo entenderán
como mi corazón esta a la altura de su arsenal
mas poderoso que su artillería y autoridad...
aferrado como una incrustada esmeralda
con el coraje, haciendo su semblante brillar.

Sitio, donde en mis memorias te guardé
una imagen dulce y formidable
de los días mas preciosos que el mundo vio...
cuando sumergías tu rostro en mi cuello
y yo sentía el rose, de los relieves de tu cabello.

Al igual, que el conmovido sonido de tu voz
parecido a la lluvia a mi oído cantando,
dando ahora repetidas vueltas en mi cabeza...
con mi imaginación, ver el futuro intentando
el momento en que hayas a mí regresado.

Por un amor que arde desde tus ojos
los cuales nunca te ocultaron,
siempre supieron decírmelo todo
sin necesidad de pronunciármelo.


(Y esa última vez, no fue la excepción
pues una dulce súplica en ellos,
él sin vacilar encontró).

"Encuéntrame, al final de este paraje
cuando esta luz moribunda, resurja y cambie
esta noche el dolor no es por siempre
será vencido, cuando el Sol nuevo se alce...
y yo, desde mi lejanía a tu alma estrecharé
conforme a estos tiempos de combate…
y mi voluntad, no sabrá mas que procurarte
hasta el último aliento...al alcanzarte".

(Ruego que convirtió en juramento
y en el que fuerza inmortal halló,
para hablar y actuar, con tanto furor).

¡Mas no se vulnerara nuestra fe!
¡No reemplazaran nuestra confianza!
esa noche, la crueldad no fue modesta
los adversarios fueron peores que lobos
hambrientos frente a su presa.

Definitivamente sacudieron el polvo
dañaron de la noche su pasividad,
pero como la Luna reclama sus estrellas
nosotros en batalla, exigiremos ganar.

(Y con la misma fortaleza,
cada noche, su anhelo expresa).

"Te encontraré, al final de ese paraje
cuando la luz, embellecida y gloriosa, se alce...
porque el dolor no habrá sido por siempre
y eso lo sabré...tan solo con verte".
 
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