Un beso y te veía lejana en el recuerdo. Porque nuestros besos fueron el sello de nuestro amor. Besos azules como el cielo que nos cubre; yo aquí y tú, no sé dónde. “No te ilusiones, todo tiene su final”, me dijiste. Yo no lo creía, era muy inocente. Eras mayor que yo, y sabias los secretos del amor. Callaste cuando preguntaba por nuestro futuro. Y tú como si una madre consolara a su hijo me dijiste: deja de hacer llorar a tu corazón. Cuando sentía que todo se iba acabando, me dije: llora corazón, llora corazón solitario, que no hay mejor consuelo que aprender a consolarse, porque cuando el amor se va, solo estás tú viéndose alejar y él, yéndose con un hasta luego o , tal vez, un adiós, definitivo.