Hada
Poeta fiel al portal
Cosa de locos
I.
Hoy hablaré por ti.
Tus derechos
fueron violados
encerrando cualquier grito
en cuatro paredes infatigables
y dos pastillas "perfect solution"
cada veinticuatro horas.
Es dificil señalar
tantas injusticias:
loco, te dijeron,
por interpretar la vida de otra manera
porque un pie quedó fuera de cuadro
por los días que pasaste
entre verbos autónomos y sin condiciones;
escucharon tu discurso,
te diagnosticaron locura,
sin explicaciones, sin más
y no entendiste por qué estaba mal
leer el aire
sentir el viento
creer que el agua
y responder.
Yo denuncio que la gente
abusa de su sentido
(tan poco común)
y aprieta el dedo
contra el pecho diferente.
Y tú simplemente
estás loco como yo,
también como aquellos
que todavía no lo saben,
y acusan creyendo tener el poder de hacerlo.
Dicen que las cuatro paredes
y las dosis cada veinticuatro
son lo único que te queda
pero quizás,
si yo exploto
y poetizo el problema,
la locura deja de ser
encerrada en los límites
que unos cuantos deciden
y, libre al fin,
se redefine.
II.
Loco, loquito,
tenés frío de piel acostumbrada,
tenés fisuras de nombre adquirido.
Tenés paciencia de rejas que se abren
y libertad de calabozo dormido.
Tenés un rayo de luz debajo de la almohada,
para esos días que no podés salir de tus ojos
y bautizaste un pedazo de mesa
y un vasito
y un par de pastillas cotidianas
de colores impronunciables.
La sociedad te segrega.
Sos el primo lejano
del que se quedó sin laburo
y un poco más cercano
del que se prendió a la botella.
Sos el absurdo e incoherente,
-digamos, el que habla pavadas
como cualquier político-
el que tiene discurso de niño,
arrebatos de adolescente
y depresiones de anciano.
Decime, chapita,
quién te robó el derecho,
quién te abandonó en la banquina
quién te escucha,
por qué te mienten.
Decime dónde pusiste el grito
y por qué no te respondieron.
Yo sé de tu evolución,
sé que los siglos se remendaron
de a poquito, tortugueando,
sé de las torturas
en nombre de la ciencia,
sé un poco de tu locura
que también es la mía,
conozco tus espacios vacíos,
recuerdo casi todos los síntomas
que me dictó un manual
de siglas sospechosas
y que son tu enfermedad
y la enfermedad de todo
el que encaje a la fuerza.
Y te veo, loco, loquito, chapa, sacado.
Caminás despacito
como quien no quiere llegar
y también como quien espera.
Sos una persona normal,
quizás estás mejor que otros normales,
un poquito delirante
pero ni siquiera cerca de peligroso,
y te encierran acá
como si fueras una mugre,
encima quieren echarte a tu suerte
y me dan ganas de agarrar a la dichosa sociedad,
hacerla un bollito
y mandarla atrás de una puerta blindada y con candado,
a una habitación con un foco y un lavabo que gotea.
Y listo,
dejemos que alucinen
sobre su piel desnuda
que no están locos.
Nosotros nos quedamos afuera,
tomamos sol y de mate en mate,
recitamos las veinte razones
por las cuales la vida es válida
y merece ser vivida.
*La primera parte de esta serie, la escribi allá por el 2 de Octubre del 2007. Y bueno, hoy escribí la segunda parte sin acordarme al principio de la primera. Son más o menos lo mismo, me da la impresión, pero también una continuidad. En fin.
I.
Hoy hablaré por ti.
Tus derechos
fueron violados
encerrando cualquier grito
en cuatro paredes infatigables
y dos pastillas "perfect solution"
cada veinticuatro horas.
Es dificil señalar
tantas injusticias:
loco, te dijeron,
por interpretar la vida de otra manera
porque un pie quedó fuera de cuadro
por los días que pasaste
entre verbos autónomos y sin condiciones;
escucharon tu discurso,
te diagnosticaron locura,
sin explicaciones, sin más
y no entendiste por qué estaba mal
leer el aire
sentir el viento
creer que el agua
y responder.
Yo denuncio que la gente
abusa de su sentido
(tan poco común)
y aprieta el dedo
contra el pecho diferente.
Y tú simplemente
estás loco como yo,
también como aquellos
que todavía no lo saben,
y acusan creyendo tener el poder de hacerlo.
Dicen que las cuatro paredes
y las dosis cada veinticuatro
son lo único que te queda
pero quizás,
si yo exploto
y poetizo el problema,
la locura deja de ser
encerrada en los límites
que unos cuantos deciden
y, libre al fin,
se redefine.
II.
Loco, loquito,
tenés frío de piel acostumbrada,
tenés fisuras de nombre adquirido.
Tenés paciencia de rejas que se abren
y libertad de calabozo dormido.
Tenés un rayo de luz debajo de la almohada,
para esos días que no podés salir de tus ojos
y bautizaste un pedazo de mesa
y un vasito
y un par de pastillas cotidianas
de colores impronunciables.
La sociedad te segrega.
Sos el primo lejano
del que se quedó sin laburo
y un poco más cercano
del que se prendió a la botella.
Sos el absurdo e incoherente,
-digamos, el que habla pavadas
como cualquier político-
el que tiene discurso de niño,
arrebatos de adolescente
y depresiones de anciano.
Decime, chapita,
quién te robó el derecho,
quién te abandonó en la banquina
quién te escucha,
por qué te mienten.
Decime dónde pusiste el grito
y por qué no te respondieron.
Y si yo fuera ellos -o sea, los otros-
te diría que ya sé que estás solo
-no me lo contés-
y que ya sé que estás encerrado
porque -por suerte- no te veo
-ni te quiero ver-.
Estaría muy ocupada
pensando en lo lindo que sería
tirar abajo tu asilo
y hacerme un shopping en la vereda,
me daría lo mismo
si te mudan a los confines
de un bosque mohoso
o a las eternidades
de un desierto inerte,
te diría que ya sé que estás solo
-no me lo contés-
y que ya sé que estás encerrado
porque -por suerte- no te veo
-ni te quiero ver-.
Estaría muy ocupada
pensando en lo lindo que sería
tirar abajo tu asilo
y hacerme un shopping en la vereda,
me daría lo mismo
si te mudan a los confines
de un bosque mohoso
o a las eternidades
de un desierto inerte,
total, si te morís,
Pero no soy ellos.cortándote las venas
con un tajito de depresión,
saltando de los bordes
de un delirio esquizofrénico
defendiendo tus placeres de neurótico
o evitando tu paranoico porvenir
no me entero.con un tajito de depresión,
saltando de los bordes
de un delirio esquizofrénico
defendiendo tus placeres de neurótico
o evitando tu paranoico porvenir
Yo sé de tu evolución,
sé que los siglos se remendaron
de a poquito, tortugueando,
sé de las torturas
en nombre de la ciencia,
sé un poco de tu locura
que también es la mía,
conozco tus espacios vacíos,
recuerdo casi todos los síntomas
que me dictó un manual
de siglas sospechosas
y que son tu enfermedad
y la enfermedad de todo
el que encaje a la fuerza.
Y te veo, loco, loquito, chapa, sacado.
Caminás despacito
como quien no quiere llegar
y también como quien espera.
Sos una persona normal,
quizás estás mejor que otros normales,
un poquito delirante
pero ni siquiera cerca de peligroso,
y te encierran acá
como si fueras una mugre,
encima quieren echarte a tu suerte
y me dan ganas de agarrar a la dichosa sociedad,
hacerla un bollito
y mandarla atrás de una puerta blindada y con candado,
a una habitación con un foco y un lavabo que gotea.
Y listo,
dejemos que alucinen
sobre su piel desnuda
que no están locos.
Nosotros nos quedamos afuera,
tomamos sol y de mate en mate,
recitamos las veinte razones
por las cuales la vida es válida
y merece ser vivida.
-Amor,
familia,
naturaleza,
poesía,
escritura,
arte,
conocimiento,
comida,
amistad,
lectura.
¿Cuáles son tus diez?-
*La primera parte de esta serie, la escribi allá por el 2 de Octubre del 2007. Y bueno, hoy escribí la segunda parte sin acordarme al principio de la primera. Son más o menos lo mismo, me da la impresión, pero también una continuidad. En fin.