Lexema
Poeta que considera el portal su segunda casa
Solo pasé a saludarla y quería hacerlo impercentible e incógnito. Toqué su puerta y salí corriendo y al brincar por la alberca cual intrépido atleta,
se enredaron mis pies con la culebra bicéfala, que al parecer bebía agua de la toma con su segunda cabeza.
Sentí un tirón y de reventón caí con las canicas contra la valla y sentí que se exprimian mis limones con suma crueldad avismal que vaya usted a saber.
Lloré como lloran las niñas, mientras me aseguraba de que nadie me miraba.
Sin aire en la llanta de mi estómago, intenté pararme sin éxito alguno.
Cuánto sufrimos los hombres
con semejante desventura, uno ve hasta la sepultura del dolor insoportable, que no deja que uno hable; mudando hasta el cuero cuando llega el machacon.
Y allí...! en mi travesía con fin de incorporarme, confirmé que me miraba revolcándose en suelo.
se enredaron mis pies con la culebra bicéfala, que al parecer bebía agua de la toma con su segunda cabeza.
Sentí un tirón y de reventón caí con las canicas contra la valla y sentí que se exprimian mis limones con suma crueldad avismal que vaya usted a saber.
Lloré como lloran las niñas, mientras me aseguraba de que nadie me miraba.
Sin aire en la llanta de mi estómago, intenté pararme sin éxito alguno.
Cuánto sufrimos los hombres
con semejante desventura, uno ve hasta la sepultura del dolor insoportable, que no deja que uno hable; mudando hasta el cuero cuando llega el machacon.
Y allí...! en mi travesía con fin de incorporarme, confirmé que me miraba revolcándose en suelo.