jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
tomar un avión a noruega a mediados de mayo
llevar: equipo de camping, condones, botas de suela reforzada;
echarme a caminar al día siguiente de llegar temprano en la mañana
por el arcén de cualquier carretera que parta de oslo rumbo al norte;
no pensar en nada más que en avanzar
-no pensar sobre todo en el riesgo de ser asaltado
por algún drogadicto enardecido que saliera de pronto de detrás
de cualquier matorral blandiendo un arma y me quitara
el equipo de camping y los condones y las botas de suela
reforzada y antes de irse me violara-;
una vez recorridos alrededor de veinte kilómetros
empezar a hacer auto stop mostrando mi miembro erecto a los automovilistas;
no aceptar sin embargo invitaciones
a subir al auto de ninguno cuando quien conduzca
no resulte ser una mujer como de veintitantos,
con buenas tetas, boca de labios sensuales, mirada
intensamente azul y cuerpo de fabulosas proporciones
cuya más que probable motivación para detenerse
en medio del camino y recoger en el auto a un completo desconocido
pudiera perfectamente deberse a la intervención inconsciente
de una fantasía erótica donde ella asumiría el papel
de la ingenua jovenzuela que al pretender realizar una buena acción
resulta a fin de cuentas salvajemente violada nada menos
que por el mismo sujeto a quien prestó su desinteresada ayuda;
no aceptar especialmente invitaciones a subir al auto
de cuarentones de rostro abotargado y mirada lujuriosa
cabello escaso, panza cervecera, quizá seguramente
depredadores homosexuales buscando potenciales víctimas
entre autoestopistas procedentes de países tercermundistas;
seguir avanzando ya no unicamente mostrando
mi miembro erecto a a los automovilistas
sino además agacharme de tanto en tanto y empezar a mostrarles también
de una puta vez el culo si pasada más de una hora
todavía ninguno ha considerado detenerse y averiguar
qué mierda pretende un sujeto de mediana edad y barbita de chivo
al sacarse y mostrar el miembro en la autopista a las afueras de oslo
a los carros que pasan disparados a 130 por hora en dirección norte;
subirme en el primer carro que se detenga así vaya siendo conducido
por uno de esos protérvicos cuarentones de facha alcohólica
mirada lujuriosa, cabello escaso, probablemente
uno cualquiera de entre un incalculable número
de rabiosos depredadores homosexuales que recorren
aviesamente y sin descanso las autopistas de aquel tenebroso territorio
buscando ingenuos caminantes procedentes de países atrasados
con la intención de hacerlos subir al auto para luego
llevarlos a cualquier umbroso paraje perdido entre la espesura
colindante con la carretera y una vez allí
someterlos a la concienzuda y sistemática penetración
de cada uno de sus orificios corporales utilizando el pene;
relajarme mientras mi captor se dispone a violarme
para que por lo menos cuando me rompa el culo no lo haga
cegado por la ira y con mayor fuerza de la necesaria;
poner la mente en blanco durante el coito
y en todo caso hacer el intento de fingir
que me la estoy pasando de puta madre para así reducir
las probabilidades de ser estrangulado una vez consumada la violación;
volver a oslo triste y cabizbajo pensando
si el hecho de ser poeta y poder hacer surgir poesía
aun incluso de las experiencias más traumatizantes de la puta vida
no será en el fondo una de las principales causas
que lo llevan a uno a exponerse a situaciones extremas con tal
de poder escribir aquel jodido poema que nadie antes haya escrito;
hospedarme en el mismo hotel de la noche antes y acabarme
todo el contenido alcohólico del minibar para estar
borracho como una cuba cuando me suba al avión
de regreso a méxico al día siguiente sin que me cause mayor problema
pasarme las 15 putas horas que dura el maldito vuelo
sentado sobre los escombros de mi desfondado culo;
escribir como catarsis contra el shock de haber sido violado
un poema donde diga que allá en noruega conocí a una hermosa chica
de mirada intensamente azul y tetas de campeonato
con la que follé en todas las posiciones imaginables a lo largo
de una de las más inolvidables cogidas de mi vida
y que ahora cada día sueño con volver a vernos
llevar: equipo de camping, condones, botas de suela reforzada;
echarme a caminar al día siguiente de llegar temprano en la mañana
por el arcén de cualquier carretera que parta de oslo rumbo al norte;
no pensar en nada más que en avanzar
-no pensar sobre todo en el riesgo de ser asaltado
por algún drogadicto enardecido que saliera de pronto de detrás
de cualquier matorral blandiendo un arma y me quitara
el equipo de camping y los condones y las botas de suela
reforzada y antes de irse me violara-;
una vez recorridos alrededor de veinte kilómetros
empezar a hacer auto stop mostrando mi miembro erecto a los automovilistas;
no aceptar sin embargo invitaciones
a subir al auto de ninguno cuando quien conduzca
no resulte ser una mujer como de veintitantos,
con buenas tetas, boca de labios sensuales, mirada
intensamente azul y cuerpo de fabulosas proporciones
cuya más que probable motivación para detenerse
en medio del camino y recoger en el auto a un completo desconocido
pudiera perfectamente deberse a la intervención inconsciente
de una fantasía erótica donde ella asumiría el papel
de la ingenua jovenzuela que al pretender realizar una buena acción
resulta a fin de cuentas salvajemente violada nada menos
que por el mismo sujeto a quien prestó su desinteresada ayuda;
no aceptar especialmente invitaciones a subir al auto
de cuarentones de rostro abotargado y mirada lujuriosa
cabello escaso, panza cervecera, quizá seguramente
depredadores homosexuales buscando potenciales víctimas
entre autoestopistas procedentes de países tercermundistas;
seguir avanzando ya no unicamente mostrando
mi miembro erecto a a los automovilistas
sino además agacharme de tanto en tanto y empezar a mostrarles también
de una puta vez el culo si pasada más de una hora
todavía ninguno ha considerado detenerse y averiguar
qué mierda pretende un sujeto de mediana edad y barbita de chivo
al sacarse y mostrar el miembro en la autopista a las afueras de oslo
a los carros que pasan disparados a 130 por hora en dirección norte;
subirme en el primer carro que se detenga así vaya siendo conducido
por uno de esos protérvicos cuarentones de facha alcohólica
mirada lujuriosa, cabello escaso, probablemente
uno cualquiera de entre un incalculable número
de rabiosos depredadores homosexuales que recorren
aviesamente y sin descanso las autopistas de aquel tenebroso territorio
buscando ingenuos caminantes procedentes de países atrasados
con la intención de hacerlos subir al auto para luego
llevarlos a cualquier umbroso paraje perdido entre la espesura
colindante con la carretera y una vez allí
someterlos a la concienzuda y sistemática penetración
de cada uno de sus orificios corporales utilizando el pene;
relajarme mientras mi captor se dispone a violarme
para que por lo menos cuando me rompa el culo no lo haga
cegado por la ira y con mayor fuerza de la necesaria;
poner la mente en blanco durante el coito
y en todo caso hacer el intento de fingir
que me la estoy pasando de puta madre para así reducir
las probabilidades de ser estrangulado una vez consumada la violación;
volver a oslo triste y cabizbajo pensando
si el hecho de ser poeta y poder hacer surgir poesía
aun incluso de las experiencias más traumatizantes de la puta vida
no será en el fondo una de las principales causas
que lo llevan a uno a exponerse a situaciones extremas con tal
de poder escribir aquel jodido poema que nadie antes haya escrito;
hospedarme en el mismo hotel de la noche antes y acabarme
todo el contenido alcohólico del minibar para estar
borracho como una cuba cuando me suba al avión
de regreso a méxico al día siguiente sin que me cause mayor problema
pasarme las 15 putas horas que dura el maldito vuelo
sentado sobre los escombros de mi desfondado culo;
escribir como catarsis contra el shock de haber sido violado
un poema donde diga que allá en noruega conocí a una hermosa chica
de mirada intensamente azul y tetas de campeonato
con la que follé en todas las posiciones imaginables a lo largo
de una de las más inolvidables cogidas de mi vida
y que ahora cada día sueño con volver a vernos
Última edición: