Nos sorprendió la tarde, paseando,
de amarillos y ocres rodeados,
envueltos en el aroma dulce del otoño
y disfrutando de los caminos alfombrados
por las hojas secas de los árboles caídas,
con suaves colores beige y anaranjados.
Nos sorprendió la tarde, en un abrazo,
bajo la quietud de los árboles semidesnudos,
que jugando con la luz del sol entre sus ramas,
observaban nuestro amor como testigos mudos.
Te besé, tú me besaste,
nos reímos,
y comenzamos a pedirnos cosas raras.
Si me pides el cielo,
yo te lo cambio por tus ojos negros.
Si el cambio te ofrece dudas...
también te puedo regalar la luna.
Nos sorprendió la tarde..., enamorados.