Lord Vélfragor
Poeta adicto al portal
Cabalgata nocturna,
con fierros acerados,
enterrados en las costillas,
que contienen lo que no debí buscar,
nacido de una costilla,
cincelando el saber...
Arrancándome el soliloquio,
con pesadilla constante,
para recordar ¿que?,
si lo he olvidado otra vez...
Manías complejas,
que dejan su huella,
con la destrucción de masas,
y a mí como destructor...
que sea mi perfume la muerte,
que sea mi mano la desdicha...
acojinada por sangre...
Dulce carnaval de pasiones,
teñidas entre los brazos de una puta,
para abrir las piernas de una Dama,
que gentil me dará sus delicias,
cuando con la puta aprendí de perversiones...
Mastica la insolencia,
pero no podrás tragarla,
soy más que ello,
soy más que muchos,
y al tiempo menos que mi mismo,
¿? sí... ese es tu rostro ahora...
Pergamino arrugado,
por el paso del tiempo,
censurando lo incuestionable,
para verterte en opio,
respirando el veneno de tus palabras,
destilado por las bífidas lenguas,
que ahora son solamente.... lenguas...
Proscrito quede,
entre ramas de olivo,
la paz que os dejo,
la muerte que os doy,
como preciado tesoro,
de completas monedas,
¡Oro! ¡Plata! y por supuesto... ¡Ella!
Malviviente enferma,
que engendra solo odio,
sin embargo amada,
adorara e incluso bendecida,
por la mano de aquél de la Cruz...
¡El hombre! no el maestro...
Ilumine entonces,
el rostro de mi amante,
con la leche amarga,
fruto del pecado de la libación,
mientras me deleito en su calidez,
explorando con la lengua,
esta que tanto la hace gemir...
¿Tinte sexual?
¡Sí adoro la obviedad!
y más la perversión,
reiterando por que soy señor de ella,
sin que sea un Inferno Sacro,
ahora mismo...
Mientras el falo que arrebata,
levanta orgulloso sus deseos,
que sean saciados por tu boca...
¿Aceptarás?
Y seguiré escupiendo mis blasfemias,
con la verborrea completa,
sin excusas ni pretextos,
para ensañarme entre las runas,
completarme entre rezos,
y ¿por que no? enorgullecerme a mares...
Las olas son calmas,
sin embargo tiembla,
corazón perplejo,
de ideas irresistiblemente asesinas,
con fango.... con ternura...
¿Acaso se debe temer al asesino?
¡Si paz os dejo.... pasión me das!
cuando presuma tu cadáver,
entre las cenizas de otros,
con medalla al pecho,
ojos de tu vida...
¡Descaro e insolencia!
¡Eso lleva mi firma!
¡Esa es tu sentencia!
Cargar mi buen sentido,
y leer cada línea,
para atiborrarte de ira,
o tal vez desprecio...
¡Esta es mi obra!
Caminar en desfiladeros,
o buscar laberintos...
¿tú tendrás valor?
¡Vamos toma otra costilla!
que el barro os lo entrego en tu cara,
con una sola gota de sangre,
que obvio mía no es...
¡Tómala!
L.V.
con fierros acerados,
enterrados en las costillas,
que contienen lo que no debí buscar,
nacido de una costilla,
cincelando el saber...
Arrancándome el soliloquio,
con pesadilla constante,
para recordar ¿que?,
si lo he olvidado otra vez...
Manías complejas,
que dejan su huella,
con la destrucción de masas,
y a mí como destructor...
que sea mi perfume la muerte,
que sea mi mano la desdicha...
acojinada por sangre...
Dulce carnaval de pasiones,
teñidas entre los brazos de una puta,
para abrir las piernas de una Dama,
que gentil me dará sus delicias,
cuando con la puta aprendí de perversiones...
Mastica la insolencia,
pero no podrás tragarla,
soy más que ello,
soy más que muchos,
y al tiempo menos que mi mismo,
¿? sí... ese es tu rostro ahora...
Pergamino arrugado,
por el paso del tiempo,
censurando lo incuestionable,
para verterte en opio,
respirando el veneno de tus palabras,
destilado por las bífidas lenguas,
que ahora son solamente.... lenguas...
Proscrito quede,
entre ramas de olivo,
la paz que os dejo,
la muerte que os doy,
como preciado tesoro,
de completas monedas,
¡Oro! ¡Plata! y por supuesto... ¡Ella!
Malviviente enferma,
que engendra solo odio,
sin embargo amada,
adorara e incluso bendecida,
por la mano de aquél de la Cruz...
¡El hombre! no el maestro...
Ilumine entonces,
el rostro de mi amante,
con la leche amarga,
fruto del pecado de la libación,
mientras me deleito en su calidez,
explorando con la lengua,
esta que tanto la hace gemir...
¿Tinte sexual?
¡Sí adoro la obviedad!
y más la perversión,
reiterando por que soy señor de ella,
sin que sea un Inferno Sacro,
ahora mismo...
Mientras el falo que arrebata,
levanta orgulloso sus deseos,
que sean saciados por tu boca...
¿Aceptarás?
Y seguiré escupiendo mis blasfemias,
con la verborrea completa,
sin excusas ni pretextos,
para ensañarme entre las runas,
completarme entre rezos,
y ¿por que no? enorgullecerme a mares...
Las olas son calmas,
sin embargo tiembla,
corazón perplejo,
de ideas irresistiblemente asesinas,
con fango.... con ternura...
¿Acaso se debe temer al asesino?
¡Si paz os dejo.... pasión me das!
cuando presuma tu cadáver,
entre las cenizas de otros,
con medalla al pecho,
ojos de tu vida...
¡Descaro e insolencia!
¡Eso lleva mi firma!
¡Esa es tu sentencia!
Cargar mi buen sentido,
y leer cada línea,
para atiborrarte de ira,
o tal vez desprecio...
¡Esta es mi obra!
Caminar en desfiladeros,
o buscar laberintos...
¿tú tendrás valor?
¡Vamos toma otra costilla!
que el barro os lo entrego en tu cara,
con una sola gota de sangre,
que obvio mía no es...
¡Tómala!
L.V.