Nikkin
Poeta recién llegado
Cotidianeidad.
Sordo de los mudos atiende sus llamadas
a la nostalgia del hombre muerto que vela por si.
Una oración viviente entre tantas plegarias
mira al cielo y pide el perdón sin sentir.
Fue un mundo en artes consumidos
el silencio de unos pasos en aceras sin paz,
invita a tropiezos del descalzo albedrio
no hay tiempo, se levanta y vacila su andar.
Deja el paraguas negro de una noche húmeda
enciende un cigarro entibiando su piel,
bebe un vino, media luz y no desespera
mantiene su tono y tez, sin sombras ni don.
El reloj le da las once y siete sin Greenwich,
la ceniza cae en su diván.
Se entrega al pasaje sin dársena,
apaga sus ojos, medita al volar.
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