Creación
Nacidos de la sombra más antigua,
con el propósito de ser una constante
sobre los primeros huesos desanclados,
aparecieron los dos que reinan con fuego y sueño.
Así se creó la vida desnuda,
cuerpos celestes de mil ojos vigilando la hambruna
que los llevó a quemar y dormir,
a permanecer impasibles ante la aparición del primer ser humano.
Los algodones rojos que los condenan a ser olvidados,
deseosos de ser exprimidos
por la tierra agrietada y moribunda,
deforman las figuras de aquellos que miran hacia el cielo.
Creados para arrancar la piel y lavarla,
ellos mismos quemaron el manzano
con sudores de una pesadilla voraz
alimentándose de manos cansadas de sostener planetas inhabitables.
Ya no hay más seres de luz...
Esos mentirosos que prohibieron la manzana
pero tenían los dientes rojos.
Sólo quedan aquellos que reinan durante el día y la noche,
los que queman el camino con polvo angustiado
y no pisan nunca lo andado porque van descalzos.
Nacidos de la sombra más antigua,
con el propósito de ser una constante
sobre los primeros huesos desanclados,
aparecieron los dos que reinan con fuego y sueño.
Así se creó la vida desnuda,
cuerpos celestes de mil ojos vigilando la hambruna
que los llevó a quemar y dormir,
a permanecer impasibles ante la aparición del primer ser humano.
Los algodones rojos que los condenan a ser olvidados,
deseosos de ser exprimidos
por la tierra agrietada y moribunda,
deforman las figuras de aquellos que miran hacia el cielo.
Creados para arrancar la piel y lavarla,
ellos mismos quemaron el manzano
con sudores de una pesadilla voraz
alimentándose de manos cansadas de sostener planetas inhabitables.
Ya no hay más seres de luz...
Esos mentirosos que prohibieron la manzana
pero tenían los dientes rojos.
Sólo quedan aquellos que reinan durante el día y la noche,
los que queman el camino con polvo angustiado
y no pisan nunca lo andado porque van descalzos.