Leonardo Velazcoaran
Poeta asiduo al portal
Creo en tus ojos por sobre la mirada del mundo,
porque en mi definición de espacio,
la distancia es lo que me separa de reflejarme en tu nostalgia,
a veces verde,
otras castaña,
a veces triste,
otras igual.
Creo en tus manos que son palomas blancas sin rumbo,
pero a quienes les suplico noche a noche que aniden en las mías
para abrasarlas cuando amanezcan frías,
para beber agua del manantial de tus caricias no exploradas,
virginales,
destructivas.
Creo en tu tristeza porque me recuerda que soy un ser de soledad
a quien le cuesta abandonar sus silencios
por encontrarse en tu espalda,
y trazar un mapa con mis uñas,
y quizá tu sangre,
o quizá la mía.
Creo en tu boca porque sueño con ella.
Porque amanece en mis deseos escondidos,
porque me hace imaginar universos más allá de las palabras,
que son lo único que tengo,
o que me queda, no lo sé.
Creo en tu ternura porque me escuchas y no preguntas quien soy.
Porque quizá no te intereso,
o porque tal vez miras a través de mí lo que quieres ver.
A pesar de mis lágrimas,
de mis mentiras,
de tus heridas.
Creo en ti, porque eres lo único que me deja la presoledad antes de la noche,
porque me levanto y me despierto con tu imagen.
porque no sé si te conozco y porque me da miedo conocerte.
porque me recuerdas a mi.
A mis promesas de amor.
Eternas, efímeras e inconclusas.
A la última nostalgia del piano de Piazolla
repitiendo el Piantao, piantao, piantao...
A la última separación dolorosa y sangrante
que barrió con mis esperanzas.
A la última inconsciencia
y a mi primer desvelada.
A la última madrugada que lloré
entre un manantial tu nombre.
Por lo que no dije,
por lo que no has dicho
por lo que nos queda por decir,
Creo en ti.
porque en mi definición de espacio,
la distancia es lo que me separa de reflejarme en tu nostalgia,
a veces verde,
otras castaña,
a veces triste,
otras igual.
Creo en tus manos que son palomas blancas sin rumbo,
pero a quienes les suplico noche a noche que aniden en las mías
para abrasarlas cuando amanezcan frías,
para beber agua del manantial de tus caricias no exploradas,
virginales,
destructivas.
Creo en tu tristeza porque me recuerda que soy un ser de soledad
a quien le cuesta abandonar sus silencios
por encontrarse en tu espalda,
y trazar un mapa con mis uñas,
y quizá tu sangre,
o quizá la mía.
Creo en tu boca porque sueño con ella.
Porque amanece en mis deseos escondidos,
porque me hace imaginar universos más allá de las palabras,
que son lo único que tengo,
o que me queda, no lo sé.
Creo en tu ternura porque me escuchas y no preguntas quien soy.
Porque quizá no te intereso,
o porque tal vez miras a través de mí lo que quieres ver.
A pesar de mis lágrimas,
de mis mentiras,
de tus heridas.
Creo en ti, porque eres lo único que me deja la presoledad antes de la noche,
porque me levanto y me despierto con tu imagen.
porque no sé si te conozco y porque me da miedo conocerte.
porque me recuerdas a mi.
A mis promesas de amor.
Eternas, efímeras e inconclusas.
A la última nostalgia del piano de Piazolla
repitiendo el Piantao, piantao, piantao...
A la última separación dolorosa y sangrante
que barrió con mis esperanzas.
A la última inconsciencia
y a mi primer desvelada.
A la última madrugada que lloré
entre un manantial tu nombre.
Por lo que no dije,
por lo que no has dicho
por lo que nos queda por decir,
Creo en ti.
::