Espinas en coronas de oro, retuercen los muros,
se vomita la hipocresía, el dolor se esparce.
La mugre de la maldad y la perversidad
se oye, como odas, como cantos
que los ciegos de alma evocan...
Así mudos, medio tercos, más huecos estériles
de vida, se pasean rezando a lo que no conocen,
siguiendo los pasos de otro, que los domina
y se ríe en sus narices; se burla de su ignorancia.
Lo patético inunda el ambiente.
Perezco de tanto sufrir,
renazco de tanto amar.
Sus ojos dormidos me abrazan,
los quiero despertar
pero huyen
la verdad no desean conocer,
aunque tienen libertad
de ser como quieran ser.
Entonces, mis caricias los rozan,
leves les siguen de largo
y son como látigos (para ellos).
Impotente
me muerdo,
me ahogo,
me incendio,
los mares comienzan a estremecerse,
se desbordan
y las gotas caen
como una lluvia penosa,
interminable
pero cubierta de paz...
.
.
.
se vomita la hipocresía, el dolor se esparce.
La mugre de la maldad y la perversidad
se oye, como odas, como cantos
que los ciegos de alma evocan...
Así mudos, medio tercos, más huecos estériles
de vida, se pasean rezando a lo que no conocen,
siguiendo los pasos de otro, que los domina
y se ríe en sus narices; se burla de su ignorancia.
Lo patético inunda el ambiente.
Perezco de tanto sufrir,
renazco de tanto amar.
Sus ojos dormidos me abrazan,
los quiero despertar
pero huyen
la verdad no desean conocer,
aunque tienen libertad
de ser como quieran ser.
Entonces, mis caricias los rozan,
leves les siguen de largo
y son como látigos (para ellos).
Impotente
me muerdo,
me ahogo,
me incendio,
los mares comienzan a estremecerse,
se desbordan
y las gotas caen
como una lluvia penosa,
interminable
pero cubierta de paz...
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::
:: )
::, pues entonces
::, un gusto tenerte aquí