Crepúsculo

En el amanecer de un nuevo día,
Permanezco acurrucada en tu pecho;
Entre la alborada de tus caricias.
Anhelando el auge de tus besos.

Un bello crepúsculo se dibuja en mi lecho,
Después de haber probado la miel de tu madurez,
Tu experiencia a tatuado en mi epidermis.
Exquisitos momentos de amor y placer.

Mi tímida humedad en las sabanas borda,
Todo aquello que entre luces le enseñaste,
Aquella noche en tus lisonjas aprendió a volar
Aterrizando en un clímax sin final.

En mi alborada recorriste mi superficie,
Adueñándote de mis límites y fronteras,
En silencio invadiste mis confines,
Y tu experiencia derribó mis barreras.

Quieta omitía el deseo que el sol no asomara,
Para que tus manos escalaran mis montañas,
Para que tu lengua de fuego incinerara mi pequeño bosque,
Derritiendo mi pequeña flor en su lava ardiente.

En mi crepúsculo te veo llegar.
Ávido de amarme en completa libertad,
A través de mi mirada te hago saber
Que tu presencia se apropia de mi voluntad.

Hoy mi crepúsculo se tiñe de realidad.
No hay fuego en mi bosque, tu lava se ha solidificado,
Entre el olvido de las sombras que tu adiós me ha brindado,
Y he de esperar el alba para amarte..¡Como tantas veces lo he soñado!
Hermosas y melancólicas palabras. Tras los tiempos de pasión, la lejanía o la indiferencia, hieren con la tristeza de la nostalgia de los momentos perdidos. Un gran poema. Mi cordial saludo
 
En el amanecer de un nuevo día,
Permanezco acurrucada en tu pecho;
Entre la alborada de tus caricias.
Anhelando el auge de tus besos.

Un bello crepúsculo se dibuja en mi lecho,
Después de haber probado la miel de tu madurez,
Tu experiencia a tatuado en mi epidermis.
Exquisitos momentos de amor y placer.

Mi tímida humedad en las sabanas borda,
Todo aquello que entre luces le enseñaste,
Aquella noche en tus lisonjas aprendió a volar
Aterrizando en un clímax sin final.

En mi alborada recorriste mi superficie,
Adueñándote de mis límites y fronteras,
En silencio invadiste mis confines,
Y tu experiencia derribó mis barreras.

Quieta omitía el deseo que el sol no asomara,
Para que tus manos escalaran mis montañas,
Para que tu lengua de fuego incinerara mi pequeño bosque,
Derritiendo mi pequeña flor en su lava ardiente.

En mi crepúsculo te veo llegar.
Ávido de amarme en completa libertad,
A través de mi mirada te hago saber
Que tu presencia se apropia de mi voluntad.

Hoy mi crepúsculo se tiñe de realidad.
No hay fuego en mi bosque, tu lava se ha solidificado,
Entre el olvido de las sombras que tu adiós me ha brindado,
Y he de esperar el alba para amarte..¡Como tantas veces lo he soñado!
Un sugerente amanecer que abre una página de sensaciones desde el ocaso mismo con cálido contenido.
Estas son las guerras, cuerpo a cuerpo, que conquistan y nos hacen libres. Aunque tengamos que esperar la próxima contienda.
Un abrazo, Laura, y encantado de leerte en este escenario.
 

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