Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Y en el manto irisado del crepúsculo
hubo fuego satinado de escarlata,
hubo fuego y lloré como se llora a
quien se ama cuando convulsiona
sin pausa.
Hubo fuego y desesperanza cuando
tal desgracia ataca,
y se descubre que preciso fue vender
el alma, único modo de aliviar tus
llagas.
¿adónde irán entonces los sueños de
memorias ya olvidadas,
adónde quedará la víctima errabunda
de las solitarias playas...?
¿Y por qué repites ese temblor, esa
despiadada amenaza?
¿Y por qué de nada sirven tus caderas
amplias ni tu alma insidiada ni la
muselina que tapa esa discordia extraviada?
¿Y por qué tampoco sirven tus ojos de
mirada mansa que con apremio claman
alivio para la fatal tortura que nos vuelve
nada...?
hubo fuego satinado de escarlata,
hubo fuego y lloré como se llora a
quien se ama cuando convulsiona
sin pausa.
Hubo fuego y desesperanza cuando
tal desgracia ataca,
y se descubre que preciso fue vender
el alma, único modo de aliviar tus
llagas.
¿adónde irán entonces los sueños de
memorias ya olvidadas,
adónde quedará la víctima errabunda
de las solitarias playas...?
¿Y por qué repites ese temblor, esa
despiadada amenaza?
¿Y por qué de nada sirven tus caderas
amplias ni tu alma insidiada ni la
muselina que tapa esa discordia extraviada?
¿Y por qué tampoco sirven tus ojos de
mirada mansa que con apremio claman
alivio para la fatal tortura que nos vuelve
nada...?
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