Sabia, la noche...
nos vio amarnos y guardó silencio
Nos cubrió con su manto inmaculado
para que fuéramos amantes sempiternos
y libáramos el rocío de sus entrañas
Tibia, la noche...
tendió su edredón cómplice y suave
sobre las arenas blancas del río
para que juntáramos nuestra ilusión
en su pectoral extenso y libidinoso
Regia, la noche...
adornó nuestra orgía con hermosos arreboles
y el radiante brillar de una luna bella
Nuestras sombras al trasluz de los destellos,
irradiaban el haz crepuscular de las estrellas
Fría, la noche...
se fue apagando el deseo en nuestros cuerpos,
nuestras huellas de la arena se borraron
Se ocultó nuestra luna para siempre,
al clarear, nuestras sombras se separaron.