Simón333
Poeta asiduo al portal
( A Nata )
Eres como suave beso
rompiendo olas
que emanan de tu vientre
adolorido e inocente.
Desde la cima del limbo
surcan temerosos
los vientos que rendidos
derraman tus esencias.
Escrutas miradas lejanas
con ojos de mar
embravecido de letania,
y espadas de besos fingidos.
Llamándome en silencio
hasta la grupa de tus deseos,
ojos de los ojos que miro,
boca por la boca
besada en silencio.
Distante como un grito
que te llama a la distancia,
es mi voz que te busca,
a través de laberintos
de palabras inconclusas.
Dominas la esencial y lo perfecto,
lo profundo y la nada,
madre del tiempo,
hija de las horas agotadas.
Amante de cuentos infantiles
leo deseos en tu mirada
adivinando pensamientos
cuando hurgo tu morada.
Me acercas a tu vientre desnudo
y huyo de la brisa mortecina
temeroso que seas tú,
imágenes que temo encontrar.
Descubro trepando tu grito
en la soledad que habito
desde el vacío de tu recuerdo
epifanías de sombras letales.
Solamente sombras,
nada más que sombras
que hieren y duelen
como besos de espinas
dejados al amanecer.
Simón Reyes.
Eres como suave beso
rompiendo olas
que emanan de tu vientre
adolorido e inocente.
Desde la cima del limbo
surcan temerosos
los vientos que rendidos
derraman tus esencias.
Escrutas miradas lejanas
con ojos de mar
embravecido de letania,
y espadas de besos fingidos.
Llamándome en silencio
hasta la grupa de tus deseos,
ojos de los ojos que miro,
boca por la boca
besada en silencio.
Distante como un grito
que te llama a la distancia,
es mi voz que te busca,
a través de laberintos
de palabras inconclusas.
Dominas la esencial y lo perfecto,
lo profundo y la nada,
madre del tiempo,
hija de las horas agotadas.
Amante de cuentos infantiles
leo deseos en tu mirada
adivinando pensamientos
cuando hurgo tu morada.
Me acercas a tu vientre desnudo
y huyo de la brisa mortecina
temeroso que seas tú,
imágenes que temo encontrar.
Descubro trepando tu grito
en la soledad que habito
desde el vacío de tu recuerdo
epifanías de sombras letales.
Solamente sombras,
nada más que sombras
que hieren y duelen
como besos de espinas
dejados al amanecer.
Simón Reyes.
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