ONICE
Poeta fiel al portal
Zozobran, en zigzag, como los corales
blancos de arrecifes, tus manos que serpentean
cristalinas, desnudas, sobre el cuenco
cóncavo de mi ombligo, hasta el amanecer
de mis labios, con la calidez del beso
que depositan las yemas de tus dedos...
blancos de arrecifes, tus manos que serpentean
cristalinas, desnudas, sobre el cuenco
cóncavo de mi ombligo, hasta el amanecer
de mis labios, con la calidez del beso
que depositan las yemas de tus dedos...
Naufragan en la oscuridad desteñida,
en la subyugada carne trémula,
diez gemas, que como soles destellan,
difuminados azules; violetas
veteadas que empapan la voz de tu tacto,
-esa que revolotea como mariposa-
como un astro turquesa, en los párpados.
en la subyugada carne trémula,
diez gemas, que como soles destellan,
difuminados azules; violetas
veteadas que empapan la voz de tu tacto,
-esa que revolotea como mariposa-
como un astro turquesa, en los párpados.
Emerges, deidad, tempestad de dulzura,
como ola de piélago divino
y zozobras con el viento de tu boca,
como brújula de mi tiempo tatuado,
sobre manos de luna, de cuerpos celestes,
que reviven con el recelo de tus yemas.
como ola de piélago divino
y zozobras con el viento de tu boca,
como brújula de mi tiempo tatuado,
sobre manos de luna, de cuerpos celestes,
que reviven con el recelo de tus yemas.
Zozobras ¡deidad! ¡deidad!
¡Espíritu alzado!
¡Etéreo momento!
¡Extraviado aliento!
Murmullo arraigado al alma...
Indefinible esencia
que suspira, que acaricia,
como océano firme,
sobre los corales nacidos
en los arrecifes blancos
del interior... de mi ser.
¡Espíritu alzado!
¡Etéreo momento!
¡Extraviado aliento!
Murmullo arraigado al alma...
Indefinible esencia
que suspira, que acaricia,
como océano firme,
sobre los corales nacidos
en los arrecifes blancos
del interior... de mi ser.
ONICE
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