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Crónica

chc

Christian
Yo la veía por la tarde
al salir del trabajo.
Ella esperaba siempre
ese colectivo que a esa hora
venía atestado de gente.
Yo
caminaba,
para hacer la digestión
de los papeles, los legajos,
y además,
caminaba,
para retardar la oscura soledad
de mi departamento.
Pero esa tarde la ví,
y el cabello
que hacía equilibrio sobre sus hombros
estaba más bello que de costumbre.
La bufanda me quemaba el cuello.
Hacía frío,
pero estaba nervioso.
Estaba parado detrás de ella
esperando su colectivo,
haciendo no sé qué cosa.
Su perfume era dulce,
más lindo de lo que me había imaginado,
pero siempre sucede así en estos casos.
El colectivo no venía
y comenzaba a impacientarse,
ella,
yo ya lo estaba de antes.
Y como si un memo
me sorprendiera
con la noticia de un feriado
por el día del barrilete,
ella giró y me preguntó
casi en un susurro
¿Me podría decir la hora?
Yo nunca fui bueno
en esto de iniciar
conversaciones de la nada.
Pero se ve que ella
no lo sabía,
o quizá tuvo un buen día.
La cerveza nunca fue tan rica,
y las risas, los chistes,
y ya teníamos confianza
para tocar temas obvios,
y ella habló de ella,
y yo hablé de mí.
Afuera hacía frío,
o eso recordaba.
Tardamos bastante
en quitarnos de encima
el peso del abrigo,
y más aún
el de la vergüenza.
Miró a su alrededor
y me dijo:
es lindo tu departamento,
y yo reí y comenté
quizá porque estás vos,
y ella río
y quedó callada,
y ambos elegimos ese silencio
que no dá lugar a dudas,
ni mucho menos a palabras.
Me despertó su mirada
fija en mi quietud,
y calculo yo que fue
a modo de comprobación
que le pregunté:
¿qué hora es?
y ella me dijo las siete.
Voy a llegar tarde…pensé,
que bueno que hoy sea sábado,
comentó.
 
Tienes magia en ésta creación de principio a fin...condensas una historia en pocas palabras, sin rodeos, y dejas una bella sensación cuando terminas de leerlo. Un saludo fraterno para ti.
 
Apunta la hora,
que no se te olvide
guárdala en el corazón
por si ella te la pide.

Transformar tu cita en poesía,sacudió de lleno el alma mía.
Un fuerte abrazo hermano.
 
Apunta la hora,
que no se te olvide
guárdala en el corazón
por si ella te la pide.

Transformar tu cita en poesía,sacudió de lleno el alma mía.
Un fuerte abrazo hermano.

Apunta la hora,
que no se te olvide
guárdala en el corazón
por si ella te la pide.


que bueno esto Legia. Gracias por estar aca.
Un abrazo.
Christian.
 
Me sorprende la visiòn poètica de la cotidianeidad ...transformàndote en poeta donde pocos serìan capaces de serlo, buena crònica, mejor cronista.
Un abrazo, Luna.-

No hay que buscar la poesia mas alla de los limites de los ojos. La poesia se expresa en cada cosa y esta al alcance de todos.
Gracias por tu comentario Luna.
Un abrazo.
Christian.
 
Siempre termino de leer tus poemas sonriendo (bueno, casi siempre). Hermosa historia, hermoso poema.
El feriado por el día del barrilete me parece genial. Podríamos juntar firmas para que lo aprueben.

Besos, Chc, fiel a tu autenticidad. Y estrellitas, obvio!


Muchas gracias Aubriel, me encanta la frescura que dejas en cada uno de tus comentarios. Gracias.
Un abrazo.
Christian.
 
Yo la veía por la tarde
al salir del trabajo.
Ella esperaba siempre
ese colectivo que a esa hora
venía atestado de gente.
Yo
caminaba,
para hacer la digestión
de los papeles, los legajos,
y además,
caminaba,
para retardar la oscura soledad
de mi departamento.
Pero esa tarde la ví,
y el cabello
que hacía equilibrio sobre sus hombros
estaba más bello que de costumbre.
La bufanda me quemaba el cuello.
Hacía frío,
pero estaba nervioso.
Estaba parado detrás de ella
esperando su colectivo,
haciendo no sé qué cosa.
Su perfume era dulce,
más lindo de lo que me había imaginado,
pero siempre sucede así en estos casos.
El colectivo no venía
y comenzaba a impacientarse,
ella,
yo ya lo estaba de antes.
Y como si un memo
me sorprendiera
con la noticia de un feriado
por el día del barrilete,
ella giró y me preguntó
casi en un susurro
¿Me podría decir la hora?
Yo nunca fui bueno
en esto de iniciar
conversaciones de la nada.
Pero se ve que ella
no lo sabía,
o quizá tuvo un buen día.
La cerveza nunca fue tan rica,
y las risas, los chistes,
y ya teníamos confianza
para tocar temas obvios,
y ella habló de ella,
y yo hablé de mí.
Afuera hacía frío,
o eso recordaba.
Tardamos bastante
en quitarnos de encima
el peso del abrigo,
y más aún
el de la vergüenza.
Miró a su alrededor
y me dijo:
es lindo tu departamento,
y yo reí y comenté
quizá porque estás vos,
y ella río
y quedó callada,
y ambos elegimos ese silencio
que no dá lugar a dudas,
ni mucho menos a palabras.
Me despertó su mirada
fija en mi quietud,
y calculo yo que fue
a modo de comprobación
que le pregunté:
¿qué hora es?
y ella me dijo las siete.
Voy a llegar tarde…pensé,
que bueno que hoy sea sábado,
comentó.

Amigo, es precioso, narras la experiencia tan linda, simple, sin aspavientos, sin tanto adornos, más que los de la naturalidad de las cosas, dejas a tus lectores pegados a las letras, que nos van llevando hacia el final de la mano, de una manera refrescante y romántica por demás, como en una minipelícula jajajaja, éxito!, besitos y tidititas las estrellas, muuuacks!:::hug::::::hug::::::hug:::
 
Ladime Volcán;1202472 dijo:
Amigo, es precioso, narras la experiencia tan linda, simple, sin aspavientos, sin tanto adornos, más que los de la naturalidad de las cosas, dejas a tus lectores pegados a las letras, que nos van llevando hacia el final de la mano, de una manera refrescante y romántica por demás, como en una minipelícula jajajaja, éxito!, besitos y tidititas las estrellas, muuuacks!:::hug::::::hug::::::hug:::

Graaaaaciaaaaas Ladime por este hermoso comentario.
Un abrazo.
Christian.
 
Qué historia tan llena de detalles y emociones contenidas. Has pintado con palabras el nerviosismo, la anticipación y ese mágico momento en que dos personas finalmente se conectan. Es increíble cómo algo tan sencillo como la pregunta "¿Me podría decir la hora?" puede desencadenar una serie de eventos que transforman una tarde fría y solitaria en una experiencia cálida e inolvidable.

La manera en que describes los pequeños gestos y sensaciones—desde el peso de la bufanda hasta la dulzura del perfume—permite al lector sentirse parte de esa escena. La transición de la incomodidad inicial a la comodidad compartida es algo con lo que muchos pueden identificarse, y es lo que hace que tu relato sea tan poderoso y auténtico.

Me encantó cómo terminaste con la reflexión sobre el tiempo, un recordatorio sutil de que a veces, los momentos más importantes suceden cuando menos los esperamos. ¡Gracias por compartir esta hermosa historia!


________________________________________________
Soy diseñadora de moda, me gusta mucho ver noticias de espectáculo | Trabajo como modelo en la tienda de zapatos Impuls | Estudie en la escuela YK
 
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Reacciones: chc
Qué historia tan llena de detalles y emociones contenidas. Has pintado con palabras el nerviosismo, la anticipación y ese mágico momento en que dos personas finalmente se conectan. Es increíble cómo algo tan sencillo como la pregunta "¿Me podría decir la hora?" puede desencadenar una serie de eventos que transforman una tarde fría y solitaria en una experiencia cálida e inolvidable.

La manera en que describes los pequeños gestos y sensaciones—desde el peso de la bufanda hasta la dulzura del perfume—permite al lector sentirse parte de esa escena. La transición de la incomodidad inicial a la comodidad compartida es algo con lo que muchos pueden identificarse, y es lo que hace que tu relato sea tan poderoso y auténtico.

Me encantó cómo terminaste con la reflexión sobre el tiempo, un recordatorio sutil de que a veces, los momentos más importantes suceden cuando menos los esperamos. ¡Gracias por compartir esta hermosa historia!


________________________________________________
Soy diseñadora de moda, me gusta mucho ver noticias de espectáculo | Trabajo como modelo en la tienda de zapatos Impuls | Estudie en la escuela YK

Realmente muchas gracias por tu dedicado comentario. Me halaga en demasía.
Saludos
 
Yo la veía por la tarde
al salir del trabajo.
Ella esperaba siempre
ese colectivo que a esa hora
venía atestado de gente.
Yo
caminaba,
para hacer la digestión
de los papeles, los legajos,
y además,
caminaba,
para retardar la oscura soledad
de mi departamento.
Pero esa tarde la ví,
y el cabello
que hacía equilibrio sobre sus hombros
estaba más bello que de costumbre.
La bufanda me quemaba el cuello.
Hacía frío,
pero estaba nervioso.
Estaba parado detrás de ella
esperando su colectivo,
haciendo no sé qué cosa.
Su perfume era dulce,
más lindo de lo que me había imaginado,
pero siempre sucede así en estos casos.
El colectivo no venía
y comenzaba a impacientarse,
ella,
yo ya lo estaba de antes.
Y como si un memo
me sorprendiera
con la noticia de un feriado
por el día del barrilete,
ella giró y me preguntó
casi en un susurro
¿Me podría decir la hora?
Yo nunca fui bueno
en esto de iniciar
conversaciones de la nada.
Pero se ve que ella
no lo sabía,
o quizá tuvo un buen día.
La cerveza nunca fue tan rica,
y las risas, los chistes,
y ya teníamos confianza
para tocar temas obvios,
y ella habló de ella,
y yo hablé de mí.
Afuera hacía frío,
o eso recordaba.
Tardamos bastante
en quitarnos de encima
el peso del abrigo,
y más aún
el de la vergüenza.
Miró a su alrededor
y me dijo:
es lindo tu departamento,
y yo reí y comenté
quizá porque estás vos,
y ella río
y quedó callada,
y ambos elegimos ese silencio
que no dá lugar a dudas,
ni mucho menos a palabras.
Me despertó su mirada
fija en mi quietud,
y calculo yo que fue
a modo de comprobación
que le pregunté:
¿qué hora es?
y ella me dijo las siete.
Voy a llegar tarde…pensé,
que bueno que hoy sea sábado,
comentó.
Bello encuentro, bella historia, creo sin duda alguna que ese colectivo lo conducía cupido, primero te cautivó con su cabello, luego su dulce perfume y después, el susurro de su voz, al preguntarte la hora, asi son los caminos del amor, hermosos y aparecen sin aviso, mis saluditos desde mi Patagonia Austral, Ecos.
 
Bello encuentro, bella historia, creo sin duda alguna que ese colectivo lo conducía cupido, primero te cautivó con su cabello, luego su dulce perfume y después, el susurro de su voz, al preguntarte la hora, asi son los caminos del amor, hermosos y aparecen sin aviso, mis saluditos desde mi Patagonia Austral, Ecos.

Muchas gracias por pasarte y leer.
Abrazo.
 
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