dragon_ecu
Esporádico permanente
Martes en la noche...
Mi operación estaba prevista para medio día,
cuando algo detuvo el minutero.
Y se suponía que a las 13:30 pasaría a uci (unidad de cuidados intensivos).
14:00... a 18:30...
minutos más
minutos menos...
La anestesia funcionaba mal.
La cánula en mi nariz me picaba.
Y mi vegija a punto de reventar exigió
la violación de mi pene con una sonda.
Cerca mío beeps en concierto
me despertaron.
Tenía mi cuerpo cableado y sondeado,
sin entender si todo esto
me mantenía con vida...
o solo certificaban que seguía vivo.
Por suerte nada era nuevo para mi.
Esta es la tercera vez que entraba en una uci
de manera programada.
Si cuento las no programadas sería la quinta, o sexta.... talvez.
La primera noche no pude dormir de manera consciente.
Apenas percibía los beeps...
los chirridos de camillas...
y unas manos suaves y tibias
revisando y limpiando mi cuerpo.
Miércoles 07:00
Un tipo con gorro de chef
pone una bandeja a la exacta distancia
del doble de largo de alcance de mis brazos.
Una sonrisa coqueta
de ojos almendra en una piel tiznada de brillos
me alcanza la mesita con los platos
y descubre un pan suave,
queso mozarella,
una porción de frutas,
un vaso mediano de néctar
de sus labios acercándose...
hasta que mi hija mayor dice "gracias...
yo le daré de comer a mi papá"...
Ehhh...
y la verdad es que amo a mi
inoportuna hija...
En la uci solo puede entrar un pariente a las horas de comida.
El resto del tiempo deben permanecer
en una sala de espera anexa,
donde regularmente son llamados
sea para firmar permisos,
conseguir algún medicamento,
o prenda o pañal
o documento del seguro...
o hasta bancario.
Así que con los ojos entreabiertos
disfrutos momentos
de ver aquella seducción inalcanzable.
Miércoles 12:00
Hora de almuerzo, con mi esposa.
Recién me percato
que recuperé mi sueño consciente
al terminar el efecto
de los anestésicos.
El dolor llega de improviso.
Punzadas, tirones
contracciones...
clavos ardiendo...
nada del otro mundo
si estuviera operativo...
...
pero no lo estoy,
y me desubico.
Miércoles 17:00
Mi hija menor intenta a fuerza
darme de comer en la boca.
Y negociamos que me limpie los labios
después de cada bocado.
Antes de salir, toma mis manos
y me pide rezar juntos...
Un padre nuestro con pátina verde cobre
sale de mi memoria.
Seguido luego de un Díos te Salve María.
Una bendición y una sonrisa.
En los días y noches siguientes
esas oraciones se repetirían
con vehemencia.
Recordé los cuentos
de los siete en línea
pero no mencioné que conocía ese cuento.
Camillas solían entrar y salir,
y en cada ocación cruzaba los dedos de mis manos
entre mis labios y mentón,
y susurraba...
Padre Nuestro...
Dios Te Salve María.
La noche del miércoles ingresaron dos mujeres jóvenes.
Ninguna aparentaba recuperación de cirugía
sino descompensaciones.
Dos ancianos en preparación
para cirugías.
Y otros dos pacientes en la misma uci
pero a más camas de distancia,
redondeaban la ocupación de siete
de las doces ubicaciones normales de uci,
más dos ubicaciones especiales.
El viernes en la mañana
las muchachas salieron prácticamente
juntas al piso.
Mis oraciones eran alegres.
Aunque mis dolores
se ponían de acuerdo con algo
de picazón en el pene.
Viernes noche... 20:00
Ingresa una camilla
al espacio especial...
Una voz joven
pronto fué reconocida...
"No quiero morir"...
"No quiero morir"...
Repitió cuatro veces más,
y cada vez más silenciosa y lejana.
Un pitido continuo fue apagado
mientras se apuntaba fecha y hora en un papel.
Seguido un joven entró destrozado
para estampar un firma
al final del formulario.
Las cortinas cerradas
no podía callar los sonidos.
El retiro de monitores,
de vías y cables puestos al apuro.
El cambio de camilla,
el cambio de sábanas.
Las ruedas rechinando su salida
a la vez que limpiones y fregones
cumplían su tarea.
El eco del silencio
era tan ruidoso esa noche,
que mi simple y anquilosado rezo
no pudo darme calma.
Sábado en la mañana me dan
mi ultimo lavado corporal,
antes pasarme al piso.
Una habitación compartida.
Ronquidos y volumen de Tv.
Visitas ajenas.
Ojos ajenos...
con preguntas fuera de sitio.
Sábado y domingo en piso,
un examen final...
y el alta el lunes...
Pero esto
recien empieza...
de nuevo.
Mi operación estaba prevista para medio día,
cuando algo detuvo el minutero.
Y se suponía que a las 13:30 pasaría a uci (unidad de cuidados intensivos).
14:00... a 18:30...
minutos más
minutos menos...
La anestesia funcionaba mal.
La cánula en mi nariz me picaba.
Y mi vegija a punto de reventar exigió
la violación de mi pene con una sonda.
Cerca mío beeps en concierto
me despertaron.
Tenía mi cuerpo cableado y sondeado,
sin entender si todo esto
me mantenía con vida...
o solo certificaban que seguía vivo.
Por suerte nada era nuevo para mi.
Esta es la tercera vez que entraba en una uci
de manera programada.
Si cuento las no programadas sería la quinta, o sexta.... talvez.
La primera noche no pude dormir de manera consciente.
Apenas percibía los beeps...
los chirridos de camillas...
y unas manos suaves y tibias
revisando y limpiando mi cuerpo.
Miércoles 07:00
Un tipo con gorro de chef
pone una bandeja a la exacta distancia
del doble de largo de alcance de mis brazos.
Una sonrisa coqueta
de ojos almendra en una piel tiznada de brillos
me alcanza la mesita con los platos
y descubre un pan suave,
queso mozarella,
una porción de frutas,
un vaso mediano de néctar
de sus labios acercándose...
hasta que mi hija mayor dice "gracias...
yo le daré de comer a mi papá"...
Ehhh...
y la verdad es que amo a mi
inoportuna hija...
En la uci solo puede entrar un pariente a las horas de comida.
El resto del tiempo deben permanecer
en una sala de espera anexa,
donde regularmente son llamados
sea para firmar permisos,
conseguir algún medicamento,
o prenda o pañal
o documento del seguro...
o hasta bancario.
Así que con los ojos entreabiertos
disfrutos momentos
de ver aquella seducción inalcanzable.
Miércoles 12:00
Hora de almuerzo, con mi esposa.
Recién me percato
que recuperé mi sueño consciente
al terminar el efecto
de los anestésicos.
El dolor llega de improviso.
Punzadas, tirones
contracciones...
clavos ardiendo...
nada del otro mundo
si estuviera operativo...
...
pero no lo estoy,
y me desubico.
Miércoles 17:00
Mi hija menor intenta a fuerza
darme de comer en la boca.
Y negociamos que me limpie los labios
después de cada bocado.
Antes de salir, toma mis manos
y me pide rezar juntos...
Un padre nuestro con pátina verde cobre
sale de mi memoria.
Seguido luego de un Díos te Salve María.
Una bendición y una sonrisa.
En los días y noches siguientes
esas oraciones se repetirían
con vehemencia.
Recordé los cuentos
de los siete en línea
pero no mencioné que conocía ese cuento.
Camillas solían entrar y salir,
y en cada ocación cruzaba los dedos de mis manos
entre mis labios y mentón,
y susurraba...
Padre Nuestro...
Dios Te Salve María.
La noche del miércoles ingresaron dos mujeres jóvenes.
Ninguna aparentaba recuperación de cirugía
sino descompensaciones.
Dos ancianos en preparación
para cirugías.
Y otros dos pacientes en la misma uci
pero a más camas de distancia,
redondeaban la ocupación de siete
de las doces ubicaciones normales de uci,
más dos ubicaciones especiales.
El viernes en la mañana
las muchachas salieron prácticamente
juntas al piso.
Mis oraciones eran alegres.
Aunque mis dolores
se ponían de acuerdo con algo
de picazón en el pene.
Viernes noche... 20:00
Ingresa una camilla
al espacio especial...
Una voz joven
pronto fué reconocida...
"No quiero morir"...
"No quiero morir"...
Repitió cuatro veces más,
y cada vez más silenciosa y lejana.
Un pitido continuo fue apagado
mientras se apuntaba fecha y hora en un papel.
Seguido un joven entró destrozado
para estampar un firma
al final del formulario.
Las cortinas cerradas
no podía callar los sonidos.
El retiro de monitores,
de vías y cables puestos al apuro.
El cambio de camilla,
el cambio de sábanas.
Las ruedas rechinando su salida
a la vez que limpiones y fregones
cumplían su tarea.
El eco del silencio
era tan ruidoso esa noche,
que mi simple y anquilosado rezo
no pudo darme calma.
Sábado en la mañana me dan
mi ultimo lavado corporal,
antes pasarme al piso.
Una habitación compartida.
Ronquidos y volumen de Tv.
Visitas ajenas.
Ojos ajenos...
con preguntas fuera de sitio.
Sábado y domingo en piso,
un examen final...
y el alta el lunes...
Pero esto
recien empieza...
de nuevo.
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