KOVAC
Poeta recién llegado
Primero era otoño y no había flor
que de indiscreta
quisiera profetizar milagro alguno,
ni había verso más libre que el viento,
ni verdad tan cierta como las escritas,
Era otoño y no había más luz
que el brillo del último verano
reconstruido con esfuerzo por la memoria.
En las aceras acaso unas hojas y gente
con caras excesivamente sobrias
y preocupadas
-para la siguiente primavera quedan
todavía
muchos disgustos-.
Luego un techo gris metálico
cambió la velocidad de las cosas públicas
y entre todas las prisas
tú
y un paso lento preocupado
en que la lluvia no mojara tu cabello
largo, a la altura donde se clavan
los ojos masculinos.
Después en el momento preciso
la suerte indultó la timidez
y a un paraguas típico le sobraba la mitad.
¿Si quieres...? Quiero.
Y los charcos eran la música
de nuestro baile, compenetrado,
sin agarrado, por la vergüenza.
Veintidos minutos más tarde
no nos separaba más distancia
que la de dos narices tocándose.
Poema en construcción. Disculpe las molestias.
que de indiscreta
quisiera profetizar milagro alguno,
ni había verso más libre que el viento,
ni verdad tan cierta como las escritas,
Era otoño y no había más luz
que el brillo del último verano
reconstruido con esfuerzo por la memoria.
En las aceras acaso unas hojas y gente
con caras excesivamente sobrias
y preocupadas
-para la siguiente primavera quedan
todavía
muchos disgustos-.
Luego un techo gris metálico
cambió la velocidad de las cosas públicas
y entre todas las prisas
tú
y un paso lento preocupado
en que la lluvia no mojara tu cabello
largo, a la altura donde se clavan
los ojos masculinos.
Después en el momento preciso
la suerte indultó la timidez
y a un paraguas típico le sobraba la mitad.
¿Si quieres...? Quiero.
Y los charcos eran la música
de nuestro baile, compenetrado,
sin agarrado, por la vergüenza.
Veintidos minutos más tarde
no nos separaba más distancia
que la de dos narices tocándose.
Poema en construcción. Disculpe las molestias.
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