ADOLFO1023
Poeta recién llegado
Uno es el sentimiento que has plantado al centro de estos dos lares que se convierten en más de tres arrepentimientos.... Detalladamente ceñidos a cuatro costillas de mi cuerpo, con cinco mil excusas en seis días festivos, dejándome sin siete centavos para el peaje en el autobús... sin embargo ocho segundos mas correteando en el tiempo como los nueve deseos que se ocultan en más de diez resentimientos causados por ti. El tiempo corre a más de once mil kilómetros por hora; cobrándome con alzas las locas teorías que pude formular en doce horas que en este momento le restan al día; debe ser viernes trece... haciendo alusión a mi vaga suerte ya que en catorce veces contadas me he quedado con el amor en la boca y si todo sigue la teoría serán quince veces la próxima vez... dieciséis sueños que te postulaban en mis anhelos se suicidan uno por uno tirándose del piso diecisiete de mi esperanza; dieciocho nomenclaturas se sesgan en mis filosofías... sigo amándote como siempre aunque los golpes sigan de diecinueve a veinte en un abrir y cerrar de ojos.
Veintiuno son los delirios que se escapan por debajo de la puerta, mi habitación se convierte en veintidós cementerios conjuntos de recuerdos olvidados; veintitrés formas de ponerle nombre al caos que has causado pero solo veinticuatro maneras de decirte callado todo lo que en mis letras has logrado; cada palabras que escribo nace y muere en los veinticinco segundos que mis lagrimas tardan en caer al cielo. Veintiséis millones de letras se unen en un te necesito en mi vida y aun así me sobran letras para seguir diciéndote lo que siento por ti. Cada veintisiete minutos, lloro por costumbre a estas situaciones... veintiocho meses que duran mis años sin un amor a mi lado, ya que no tiene comparación con los veintinueve minutos que tus entrelineas convertían en dos siglos engalanados... sin saber que para ti una década solo son treinta minutos en el auricular colgado.
Los recuerdos y los días que se quedan ya suman treinta y uno, pero los dolores que se quedan siempre serán los que duelen.... Treinta y dos besos que se quedan desperdiciados al lado de mi cama... treinta y tres abrazos olvidados en mis sueños postergados... treinta y cuatro siglos congelados en tu nombre y un futuro sin cabeza con mas de treinta y cinco sobrenombres; treinta y seis purgatorios y solo el cielo, treinta y siete pasos que no llevan a ningún lado... a ningún otro puerto, cansado de pensar desde el principio que son treinta y ocho kilómetros desde que empecé a caminar; y treinta y nueve te amo y cuarenta te quieros resumidos en cuarenta y uno silencios....
Ten cronometro en mano; para que esta vez puedas medir con tiempo... el peso de mis silencios, la fuerza de mis letras en párrafos y la potencia de mi amor.
Ten cronometro en mano por esta vez... talvez así encuentres coherencia y ternura dentro de tus venas... dentro de tu propia piel.
Veintiuno son los delirios que se escapan por debajo de la puerta, mi habitación se convierte en veintidós cementerios conjuntos de recuerdos olvidados; veintitrés formas de ponerle nombre al caos que has causado pero solo veinticuatro maneras de decirte callado todo lo que en mis letras has logrado; cada palabras que escribo nace y muere en los veinticinco segundos que mis lagrimas tardan en caer al cielo. Veintiséis millones de letras se unen en un te necesito en mi vida y aun así me sobran letras para seguir diciéndote lo que siento por ti. Cada veintisiete minutos, lloro por costumbre a estas situaciones... veintiocho meses que duran mis años sin un amor a mi lado, ya que no tiene comparación con los veintinueve minutos que tus entrelineas convertían en dos siglos engalanados... sin saber que para ti una década solo son treinta minutos en el auricular colgado.
Los recuerdos y los días que se quedan ya suman treinta y uno, pero los dolores que se quedan siempre serán los que duelen.... Treinta y dos besos que se quedan desperdiciados al lado de mi cama... treinta y tres abrazos olvidados en mis sueños postergados... treinta y cuatro siglos congelados en tu nombre y un futuro sin cabeza con mas de treinta y cinco sobrenombres; treinta y seis purgatorios y solo el cielo, treinta y siete pasos que no llevan a ningún lado... a ningún otro puerto, cansado de pensar desde el principio que son treinta y ocho kilómetros desde que empecé a caminar; y treinta y nueve te amo y cuarenta te quieros resumidos en cuarenta y uno silencios....
Ten cronometro en mano; para que esta vez puedas medir con tiempo... el peso de mis silencios, la fuerza de mis letras en párrafos y la potencia de mi amor.
Ten cronometro en mano por esta vez... talvez así encuentres coherencia y ternura dentro de tus venas... dentro de tu propia piel.