suprasensibilizador
Poeta recién llegado
Hablar a veces a lo social
es como clavar un puñal sangriento
en al alma profunda
de la sensibilidad.
Es la mayor crueldad
que el tiempo nos haya dejado.
Hablar de la sociedad
es como estar atrapados
en una telaraña pegajosa
de puro concreto
e inhumanidad.
Hablar de la sociedad
es como ver el hambre
en las propias entrañas
del propio ser.
Es como ver sangrando
las propias entrañas
del propio cuerpo.
Es como ver al sufrimiento
carcomiéndose un niño
con total voracidad angustiosa
sin poder tenderle siquiera
la mano del alma
para poder cambiar
el lugar con él.
Es como enterrar la felicidad
en el incandescente centro
del planeta tierra.
Es ahogar la verdadera libertad
entre estúpidos parámetros
de tormentosas cadenas ideológicas
que solo dan una mayor libertad
a aquel torpe opresor
que protege solo
su mente tormentosa,
para darnos a nosotros
los gusanos de la sociedad
en cantidades tan limitadas
y así, hemos de convertirnos
en tigres y leones
luchando contra el mismo sentido
de la felicidad.
Es como ver la paz
hundida en el mar profundo
de lo conocido
tapado por lo desconocido.
Es como ver el Cristo crucificado
y ver en su rostro
el rostro del propio ser humano
sangrando llantos
sin morir jamás
en la belleza
de lo mágicamente verdadero,
solo en una absurda cruz
puesta a nuestros ojos
como crueldad torpe
de lo que es la sociedad,
donde las potencias del poder
son los clavos
y la humanidad
es el ser crucificado.
es como clavar un puñal sangriento
en al alma profunda
de la sensibilidad.
Es la mayor crueldad
que el tiempo nos haya dejado.
Hablar de la sociedad
es como estar atrapados
en una telaraña pegajosa
de puro concreto
e inhumanidad.
Hablar de la sociedad
es como ver el hambre
en las propias entrañas
del propio ser.
Es como ver sangrando
las propias entrañas
del propio cuerpo.
Es como ver al sufrimiento
carcomiéndose un niño
con total voracidad angustiosa
sin poder tenderle siquiera
la mano del alma
para poder cambiar
el lugar con él.
Es como enterrar la felicidad
en el incandescente centro
del planeta tierra.
Es ahogar la verdadera libertad
entre estúpidos parámetros
de tormentosas cadenas ideológicas
que solo dan una mayor libertad
a aquel torpe opresor
que protege solo
su mente tormentosa,
para darnos a nosotros
los gusanos de la sociedad
en cantidades tan limitadas
y así, hemos de convertirnos
en tigres y leones
luchando contra el mismo sentido
de la felicidad.
Es como ver la paz
hundida en el mar profundo
de lo conocido
tapado por lo desconocido.
Es como ver el Cristo crucificado
y ver en su rostro
el rostro del propio ser humano
sangrando llantos
sin morir jamás
en la belleza
de lo mágicamente verdadero,
solo en una absurda cruz
puesta a nuestros ojos
como crueldad torpe
de lo que es la sociedad,
donde las potencias del poder
son los clavos
y la humanidad
es el ser crucificado.