¡Crucifícame!

Lord Vélfragor

Poeta adicto al portal
Y así demacrado y olvidado,
el rocío del atardecer me alcanza,
mientras el crepúsculo invita,
a sentir el dolor agudo y quemante,

Con la certeza de saber,
que las lágrimas no me son ajenas,
resultado de la desilusión lenta,
cuando el frío silencio me alcanzo,

Derogado y avergonzado,
con la culpa hundida,
cuál daga filosa en mis entrañas,
con la sorpresa de saberme sin ella...

Crucificado corazón,
que sangra a borbotones,
sin las caricias... sin los deseos,
solo carne magullada por colmillos salvajes,
ásperas garras que redujeron mi alma...

Oscuridad y tinieblas,
llanto y olvido... con la falsa tragedia,
acurrucada en mi hombro,
que susurra dolorosas palabras,
¡Nunca de alivio! ¡Solo más dolor!

Muerta lenta, muerte conquistadora,
con hoz brillante y capa negra,
que cercene el hilo que me mantiene aquí,
¿Será la cura para mi condena?
¡No y no! ¡Aún allá sufriré!

¿Como olvidarlo?
si en mil vidas me sentí tan infeliz,
cargando la cruz de mis pecados,
aún sabiendo que del todo,
¡Culpable soy yo!

¡Amnistía absurda!
olvidando por momentos,
la saña con la cual mato,
la ira que fácil despierta,
¿hoy? por insulso sentimiento,
arrastrado al fondo...

¡Que griten los juglares mi historia!
¡Con lágrimas cristalinas!
¡Con voces recortadas!
¡Por lo que el llanto ahoga!

¡Méceme en tu regazo!
aún en la falsedad de tu ingratitud,
que fue la causa de mi caída...

Cortando mis manos,
llagando mi costado,
con la corona de espinas,
creada con tu abandono...

Clavos ardientes,
tus "sinceras" sonrisas,
y que decir de la lanza,
rebozante de pasión que enterraste,
colmando aun más mi final...

Velo transparente,
pero aún así un velo maldito,
que desfiguró tus intensiones vivas,
para reducir el estandarte de mí comando,
a solo una brisa sutil de verano...

Con el amanecer os dejo,
entre cartas y seda,
la razón de mi locura,
convertida en sabiduría,

¡Que no será nunca concebida!
por tu mente inútil y lenta,
que si fue... creada a su nombre,
entre las tumbas de los ayeres,

¡Marchita la rosa oscura!
que planté desde que naciste,
y ahora muere... despacio,
deshojada por la desgracia,
la raíz de tu abandono...

¡Vierta ya el elixir adormecedor!
que de un solo trago beberé,
¡Más amargura! ¡Más dolor!

Que sean las olas mi epitafio,
que descansen en la arena mis restos,
al alzarse la luna negra...
hechicera bendita... traicionera hipócrita,

Guarda mi espada,
que no la esgrimiré más,
guarda aquello que llame puro,
y encierra mis palabras,

En aquél manto rojo,
que servirá para limpiar mi cuerpo,
entre aceites, entre fuego...

Que Caronte espera...
¡Que Caronte apremia!
¡La Estigia he de bordear!
¡Adiós a la nada!
¡Adiós... a ella!

L.V.
 
Lord Vélfragor;2080760 dijo:
Y así demacrado y olvidado,
el rocío del atardecer me alcanza,
mientras el crepúsculo invita,
a sentir el dolor agudo y quemante,

Con la certeza de saber,
que las lágrimas no me son ajenas,
resultado de la desilusión lenta,
cuando el frío silencio me alcanzo,

Derogado y avergonzado,
con la culpa hundida,
cuál daga filosa en mis entrañas,
con la sorpresa de saberme sin ella...

Crucificado corazón,
que sangra a borbotones,
sin las caricias... sin los deseos,
solo carne magullada por colmillos salvajes,
ásperas garras que redujeron mi alma...

Oscuridad y tinieblas,
llanto y olvido... con la falsa tragedia,
acurrucada en mi hombro,
que susurra dolorosas palabras,
¡Nunca de alivio! ¡Solo más dolor!

Muerta lenta, muerte conquistadora,
con hoz brillante y capa negra,
que cercene el hilo que me mantiene aquí,
¿Será la cura para mi condena?
¡No y no! ¡Aún allá sufriré!

¿Como olvidarlo?
si en mil vidas me sentí tan infeliz,
cargando la cruz de mis pecados,
aún sabiendo que del todo,
¡Culpable soy yo!

¡Amnistía absurda!
olvidando por momentos,
la saña con la cual mato,
la ira que fácil despierta,
¿hoy? por insulso sentimiento,
arrastrado al fondo...

¡Que griten los juglares mi historia!
¡Con lágrimas cristalinas!
¡Con voces recortadas!
¡Por lo que el llanto ahoga!

¡Méceme en tu regazo!
aún en la falsedad de tu ingratitud,
que fue la causa de mi caída...

Cortando mis manos,
llagando mi costado,
con la corona de espinas,
creada con tu abandono...

Clavos ardientes,
tus "sinceras" sonrisas,
y que decir de la lanza,
rebozante de pasión que enterraste,
colmando aun más mi final...

Velo transparente,
pero aún así un velo maldito,
que desfiguró tus intensiones vivas,
para reducir el estandarte de mí comando,
a solo una brisa sutil de verano...

Con el amanecer os dejo,
entre cartas y seda,
la razón de mi locura,
convertida en sabiduría,

¡Que no será nunca concebida!
por tu mente inútil y lenta,
que si fue... creada a su nombre,
entre las tumbas de los ayeres,

¡Marchita la rosa oscura!
que planté desde que naciste,
y ahora muere... despacio,
deshojada por la desgracia,
la raíz de tu abandono...

¡Vierta ya el elixir adormecedor!
que de un solo trago beberé,
¡Más amargura! ¡Más dolor!

Que sean las olas mi epitafio,
que descansen en la arena mis restos,
al alzarse la luna negra...
hechicera bendita... traicionera hipócrita,

Guarda mi espada,
que no la esgrimiré más,
guarda aquello que llame puro,
y encierra mis palabras,

En aquél manto rojo,
que servirá para limpiar mi cuerpo,
entre aceites, entre fuego...

Que Caronte espera...
¡Que Caronte apremia!
¡La Estigia he de bordear!
¡Adiós a la nada!
¡Adiós... a ella!

L.V.





Por sentir la fuerza con que esgrimes las palabras, por percibir el grito libre de tu daga, bien vale la pena leerte. Un saludo cordial, amigo, y un gran abrazo.
 

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