Alejandro Leza
Poeta recién llegado
Tan solo me rodeo de violeta,
disperso y dondequiera,
adornado con tu figura
recostada en la inmensidad;
dialogando con el recuerdo
que vive en lo más profundo,
de una historia que a veces
dice a mi conciencia
que no es cierta esta soledad.
Vacila el andar que como siempre,
me lleva dócil hacia ti,
tendida en un valle de lavanda
que invita a la cosecha del amor;
mientras me miras a los ojos
inmersos en un mar de tu dulce candor.
Dejo que un saludo pasajero
cubra con valor mi nerviosismo,
y sonrío como siempre,
ahogado entre la dicha
y el ansia de saber
que de nuevo tu cabello
hará de chaperón,
celoso de mis ojos
que no visitan otra cosa
que no sea mi lugar en tu corazón.
Nos perdemos en el tiempo,
andando sinuosos caminos;
atestiguando sin dudar
que las nubes no me pueden escuchar.
Y si me encierro contigo
en un mundo como este,
te pediría dos palabras
para regalarlas a mi aire,
y sellaría con tus besos
el portal que me lleva...
feliz a este frágil elysée.
¡Pero nada dura!
Porque en la rutina de quererte
a través de la no distancia,
el tiempo acaba solo antes
de entregarme.
Y despierto atado a la mañana,
absorto en un mundo
que no parece;
descansando en un infierno
y a la espera de la noche tibia,
que me abre sus entrañas vivas
donde a ti te sueño...
Te sueño otra vez.
disperso y dondequiera,
adornado con tu figura
recostada en la inmensidad;
dialogando con el recuerdo
que vive en lo más profundo,
de una historia que a veces
dice a mi conciencia
que no es cierta esta soledad.
Vacila el andar que como siempre,
me lleva dócil hacia ti,
tendida en un valle de lavanda
que invita a la cosecha del amor;
mientras me miras a los ojos
inmersos en un mar de tu dulce candor.
Dejo que un saludo pasajero
cubra con valor mi nerviosismo,
y sonrío como siempre,
ahogado entre la dicha
y el ansia de saber
que de nuevo tu cabello
hará de chaperón,
celoso de mis ojos
que no visitan otra cosa
que no sea mi lugar en tu corazón.
Nos perdemos en el tiempo,
andando sinuosos caminos;
atestiguando sin dudar
que las nubes no me pueden escuchar.
Y si me encierro contigo
en un mundo como este,
te pediría dos palabras
para regalarlas a mi aire,
y sellaría con tus besos
el portal que me lleva...
feliz a este frágil elysée.
¡Pero nada dura!
Porque en la rutina de quererte
a través de la no distancia,
el tiempo acaba solo antes
de entregarme.
Y despierto atado a la mañana,
absorto en un mundo
que no parece;
descansando en un infierno
y a la espera de la noche tibia,
que me abre sus entrañas vivas
donde a ti te sueño...
Te sueño otra vez.
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